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11 de octubre de 2011

¿Qué son la izquierda y la derecha?

Tanto la izquierda como la derecha han sufrido variaciones históricas, cada época impone su propia concepción acerca de lo que cada término engloba y no son conceptos que se puedan aislar y discutir fuera un contexto económico, político, social e internacional particular. Ambos son conceptos históricamente modificables y que a su vez representan las ideologías predominantes de una época, principales disputas que se dan en el espectro político pero que también luchan por ocupar y asumir un lugar en el sentido común, buscan tener arraigo en la sociedad en su conjunto, de modo tal que esta legitime su accionar. Haremos un repaso de algunas principales luchas que se han dado y que han embebido a la historia de la derecha y la izquierda, para finalmente darnos cuenta de que no podemos hablar de ellas sin tener en cuenta el mundo real en el que vivimos.

Ambos conceptos surgen en la época de la Revolución Francesa, allá por el siglo XVIII, cuando el modelo feudal daba señales de decadencia y cuando la monarquía absoluta, que sin embargo nunca llegó a ser tal, se encontraba con problemas para financiar el creciente gasto del aparato que dominaba. La burguesía, habitante de los “burgos”, las ciudades de la Edad Media, había ya empezado a desarrollar las bases del capitalismo industrial, el mercantilismo y los negocios en ultramar, que fueron la base del desarrollo industrial ulterior. Es así, que en las reiteradas asambleas organizadas por los revolucionarios franceses, en donde se hablaba de conservadores y transformadores, aparecían por primera vez la derecha y la izquierda. Sin embargo, su nacimiento estaba tan relacionado a una forma de pensar particular como a la posición que cada grupo ocupó en las asambleas constituyentes convocadas por el propio Luis XVI. Los que pretendían abolir la monarquía, los liberales políticos clásicos, miembros de la burguesía, se sentaron a la izquierda, mientras que los que pretendían continuar con el orden vigente, el clero y los nobles, se sentaron a la derecha. La idea de la izquierda relacionada a la transformación del orden y la derecha a su conservación aún permanece en nuestros días, pese a que los representantes de cada sector ya no son los mismos.

De esta forma y a medida que se consolido el nuevo régimen industrial, la burguesía dejo de ser la izquierda y paso a ser la derecha. La influencia del marxismo le dio un nuevo significado a las luchas de clases; ahora los que trataban de conservar el orden y su jugosa plusvalía eran los burgueses dueños de los medios de producción, mientras que los que luchaban por la transformación del orden eran los trabajadores agrupados en partidos radicales.

Ya en 1917 con la Revolución Rusa, la izquierda cobró un nuevo impulso y pasó a ser una real amenaza para las potencias capitalistas como lo eran en ese momento Francia, Inglaterra y Alemania. Pero en 1929, la crisis internacional afectó a todos los países, excepto a la URSS, y las salidas fueron variadas. Llegaron desde el extremismo de derecha, con la expansión del fascismo a las soluciones conciliadoras entre estado, mercado y democracia como fue el keynesianismo. Este último es uno de los que quiero rescatar, por la significación que conlleva y que hoy encuentra relación en nuestra época. En su momento, el keynesianismo, podríamos decir, fue la “salida de derecha” a la crisis internacional, frente a grupos que cada vez se volvían más combativos y radicales en cuanto a sus ideales de transformación social y económica. Keynes había logrado proponer una solución capitalista a la crisis mediante una fuerte intervención estatal para restablecer la competencia y el mecanismo de mercado con la plena utilización de los factores productivos, esto es, la existencia del pleno empleo. Él mismo, en el último capítulo de su “Teoría General sobre la ocupación, el interés y el dinero”, afirma que “no es la propiedad de los medios de producción la que conviene al estado asumir” y agrega “por mi parte creo que hay justificación social y psicológica de grandes desigualdades en los ingresos y la riqueza, pero no para tan grandes disparidades como existen en la actualidad” haciendo alusión al nivel de desempleo existente en los años ’30. Lo que significó el nuevo orden instaurado por el keynesianismo fue la abolición, luego de superada la crisis con éxitos considerables, de todo intento de toma del poder político para transformar la estructura económica y ordenarla bajo relaciones comunistas, o por lo menos en la versión soviética del comunismo, un “socialismo de bienestar”, según Kruschov. Un trabajador con necesidades básicas satisfechas, una amplia gama de servicios sociales asegurados y la existencia de mejoras materiales en su ámbito privado resigna, a costa de sostener todo ello, la Revolución. Este fue el problema de la izquierda en los “30 gloriosos años del capitalismo” que van desde los años ’40 a los ’70, concluyendo con la crisis del petróleo.

Pero fue a partir de la decisión de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar el precio del barril de US$ 2 a US$ 10, que las ideas keynesianas entraron en decadencia, así como su sistema, dando lugar a un resurgimiento del pensamiento liberal clásico y neoclásico con algunas reformulaciones tanto en su parte económica como en sus aspectos filosóficos. La salida a tal crisis fue, nuevamente, una salida capitalista, pero no ya bajo la doctrina keynesiana, sino bajo esta nueva reformulación que es hoy conocida como Neoliberalismo, con Friedman, Hayek y los “Chicago Boys” como máximos exponentes; en Argentina estaríamos hablando de Alsogaray o Cavallo como los representantes de su escuela. De esta forma, la izquierda nuevamente reflotó sus reclamos, esta vez sí cooptando grandes masas desposeídas en contradicción con un mundo de riquezas, como dijo alguna vez Marx, pero la coerción fue el principal método utilizado para callarlas. No tiene sentido volver a describir las dictaduras en Latinoamérica, que son un buen ejemplo de ello, pero si vale la pena mencionarlas. La derecha, conservadora del orden existente, había triunfado una vez más y pasaría a ser hegemónica.

Ya a finales de la década del ’90, la URSS se desintegró y la izquierda quedo mortificada frente a la opinión pública; toda referencia a la intervención estatal en materia económica causaba estupor, por no decir odio o bronca. Pero, desde la experiencia latinoamericana, muchos países se empezaron a dar cuenta que el nuevo orden era otro proceso de acumulación parecido al proceso originario, es decir, América Latina seguía contribuyendo con su subdesarrollo al desarrollo internacional, favoreciendo y agigantando la competencia imperfecta. Y así llegamos al hoy en día, en donde estos países luchan por cerrar las páginas de un libro lleno de tragedias, pero que ha contribuido a transformar la concepción de la izquierda y la derecha una vez más.

Si antes la derecha fue Keynes, hoy en día es el neoliberalismo. Las ideas del autor inglés, que impulsan un “control político de la vida económica” a través del gasto público, las tasas de interés en su punto óptimo y la redistribución de la renta, devenida del sistema tributario, desde los sectores con mayor propensión al ahorro hacia aquellos con mayor propensión al consumo para mantener a la demanda agregada estimulada y disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres se han convertido en parte de las luchas de la centro-izquierda, porque la izquierda radical aún sigue existiendo pese a que no tenga arraigo en grandes sectores de la sociedad. Las luchas por el pleno empleo, a costas de sostener el mecanismo del mercado, es hoy una propuesta de los partidos de centro-izquierda, reconocidos con las socialdemocracias posteriores a la Segunda Guerra Mundial, es decir, ubicadas en un reformismo que opera dentro de relaciones económicas capitalistas.

La salida que alguna vez fue de derecha, hoy se ha convertido en la centro-izquierda. Las clases altas en el día de hoy, que podrían englobarse en un sentido burlesco bajo el concepto de burguesía, que alguna vez fue de izquierda, se reconocen con la filosofía neoliberal, aunque no sepan mucho de sus implicancias económicas para nuestra región o quizás hayan olvidado la historia.

Burguesía contra monarquía, socialismo contra keynesianismo y keynesianismo contra neoliberalismo, son algunas de las comparaciones que nos permiten mostrar cómo fueron variando la izquierda y la derecha en su historia.

Ambas han luchado históricamente por instaurar su hegemonía en el “pensamiento cotidiano”, aunque cada situación particular muestra un nivel de adhesión a alguna de estas dos posturas o, muchas veces, simplemente muestra su confusión. Para entender esto último, será necesaria otra editorial. Por ahora nos conformamos con entender la volatilidad de los términos que estamos discutiendo y que no podemos desligar las concepciones que hoy brotan del tejido social con la historia de su desarrollo, porque todo pensamiento es ideología y todo ser, según Althusser, un “animal ideológico”. La disputa entre la transformación y la conservación sigue presente, con otras caras, pero con la misma fuerza.

23 de agosto de 2011

Otro ladrillo en la pared

Es cierto que es un medio para la inserción y la inclusión, proceso de adquisición de conocimientos básicos indispensables para asegurarnos un futuro próspero en términos individuales, o al menos eso es lo que se espera de alguien que porta un título secundario. Pero no caigamos en simplismos; las recetas mágicas que se dictan en las escuelas distan mucho de brindarnos las herramientas para un cambio real y concreto, por lo menos a nivel ideológico y humano.

El problema que suscita la educación a nivel mundial no es solo un problema de cantidad, sino uno de calidad. Y lo que queremos hacer a través de estas humildes líneas, es explicar por qué un aumento de personas educadas escolarmente no es necesariamente un progreso en términos humanos, sino solo económicos y quizás sociales.

La dificultad radica en la forma de enseñanza, en sus contenidos, en su objetivo, en el rol que cumple la enseñanza y la forma en que nos va modelando a medida que pasamos las diferentes etapas de escolarización. Empezamos siendo simples niños aprisionados entre los ambientes en los cuales no manejamos; escuela y familia. Allí se nos enseña lo que “está bien”, lo que “no se debe hacer”, lo que “está mal o MUY mal hacer” y básicamente normas de comportamiento social que son nada más ni nada menos que el germen para iniciar un recorrido más complejo pero aún precario como es la escuela primaria.

Atravesamos la escolarización primaria sin quejas, o por ahí algunas, y se nos siguen dando conocimientos que pocas veces vamos a recordar o utilizar en la vida, pero es solo para establecer un piso común, preparándonos para el ingreso hacia un lugar que definitivamente es el cenit o el canon de lo que se busca que seamos.

Y es partir de acá en donde ese pequeño germen empieza a dar sus frutos. Ya internalizada una forma de comportamiento, que se basa nada más que en seguir reglas de fuerzas que son superiores a nosotros e independientes de nuestra voluntad, nos movemos según lo que pensamos y compartimos socialmente con el capital humano que nos rodea, según lo que vemos superficialmente, y que definitivamente hay que poner en discusión.

La educación procrea el mal porque lo enseña como bien”, decía Ernesto Sábato, y no estaba tan alejado de la realidad. La competencia y la realización personal son los principios que reinan sobre cualquier otro valor, como la solidaridad con el otro, el altruismo, el sacrificio por los demás y si alguna vez aparecen estos conceptos, se diluyen en la ayuda del tipo sentimental y clasista (relacionada a los sentimientos de amigos o de miembros de una clase social).

Un hombre educado bajo las formas que priorizan lo económico y material frente a lo humano y espiritual puede realmente exhibir la naturaleza del mismo cinismo con el cual se engendró su formación educativa y por ende ideológica, que se asienta los pilares de una escolarización necesaria para vivir una vida digna.

Pero muy lejos de lo que la mayoría debe pensar, la muerte subyace en la enseñanza media y la legitimación de ciertas prácticas deshumanizantes deviene de la devoción a los libros que tanto nos hablan de la condición humana pero poco nos dicen sobre lo que sucede bajo nuestra mirada, que prefiere voltearse hacia otro costado, o en su defecto, construir countrys y pretender vivir fuera de una realidad que sería insoportable si solo nos pusiésemos a pensar en las diferencias que salen a la vista en un subte, en la calle, en las villas.

Lo peor que se enseña es la naturalización y el acostumbramiento. Aunque es casi una paradoja, porque nos acostumbramos a vivir una vida más o menos digna, nos acostumbramos a soportar la pobreza a pesar de verla, nos acostumbramos a ver muerte y desnutrición, en fin, nos acostumbramos a acostumbrarnos, y eso es lo que las actuales condiciones de la educación predican. Esa es la paradoja, ¿Cómo no nos vamos a acostumbrar a naturalizar nuestro entorno social si nosotros mismos representamos el acostumbramiento al que estamos acostumbrados? La religión perdió vigencia y tampoco estamos en la Edad Media, pero la escuela definitivamente ha asumido un rol similar.

Solo se me vienen a la mente esas charlas en donde profesores nos hablaban sobre la inserción al mercado laboral y cómo ser una persona exitosa. ¿Exitosa para quién? ¿Para una sociedad superficial? ¿Para las familias que presionan a sus hijos a estudiar lo que ellos quieren que estudien? ¿Para un control social ajeno a nosotros pero que todos los días nos dice que si no hacemos lo que nos dicen que hagamos vamos a ser unas “lacras”? No, eso no es lo que se debe buscar como sociedad, pero la educación media se ha convertido en un pasaporte indirecto, porque en fin cada uno decide qué es lo que quiere de su vida (o cree que decide por sí mismo), a contribuir y legitimar la rueda que todo aplasta, incluyendo vidas humanas.

Por eso es tan difícil imaginarse que un aumento de las personas educadas vaya a generar vida más humana sobre este Sol. Una crisis de conciencia podría desencadenarse si no se fomenta un pensamiento realmente crítico, y me refiero a personas que gracias a esta educación superan su clase social, pero dejan de lado el contexto que les ha permitido ascender y a todos los que han quedado atrás en su camino, que es una combinación mixta de esfuerzo individual y sacrificio social.

Pero por sobre todas las cosas, que cuando se enseñe a aprender, también se enseñe a dudar de lo que se aprende, que cuando se enseñe a escribir, también se enseñe a dudar de lo escrito y que cuando se enseñe a leer, también se enseñe a dudar de lo que se lee. Que se enseñe a cooperar y no a competir y que se enseñe a que la realización de la comodidad individual no es el objetivo para el cual se estudia.

Ya me extendí demasiado. Simplemente quiero dejar otra cita de Sábato, que dice lo siguiente:

“Los valores del espíritu son los únicos que nos pueden salvar de este terremoto que aqueja la condición humana. La educación encauza su tarea hacia la formación de personas que se adecuen a las demandas del sistema. Esto no es evitable, porque de otra manera formaría “valiosos desocupados”, pero se debe encontrar el equilibrio entre lo individual y lo común, porque si no lo perdido será el ser humano. Eso va a permitir tener una vida normal y ser una persona espiritualmente valiosa”.

Y ahora les dejó un comentario de un usuario que refleja un poco cómo piensan algunas personas educadas bajo las formas que he descripto anteriormente, debajo de una nota que criticaba duramente a los planes de asistencia social. Desarrollen sus propios juicios:

“PORQUE EL SUBSIDIADO ES MENOS QUE UNA VACA - COME, DEFECA, SE REPRODUCE, DEPREDA Y VOTA AL PERONISMO. - SON MILLONES DE PERSONAS FALLIDAS, SIN CEREBRO, QUE DEBEMOS ALIMENTAR Y DEJAR QUE NOS MATEN EN NOMBRE DE LOS DDHH. - ESTAS COSAS NO DEBEN TENER LOS MISMOS DERECHOS QUE LAS PERSONAS PRODUCTIVAS, DEBEN IR A UN ZOO ESPECIAL PARA NO MEZCLARLOS CON LOS ANIMALES. - PERO ANTES HAY QUE EXTERMINAR A SUS CREADORES”.

22 de julio de 2011

Los límites de la expresión nos los ponemos nosotros

Ayer, 3 ejecutivos de un medio y un periodista fueron enviados a prisión por un polémico y agresivo artículo. Se trata de El Universal, un diario opositor de Ecuador, que había publicado la nota “NO a las mentiras”.

El autor del artículo, llamado Emilio Palacio, escribió líneas duras contra el gobernante de dicho país, Rafael Correa, y recibió una denuncia por injurias.

Antes de que nuestra mente nos lleve a la automática reacción de pensar que existe una censura, decidí mejor buscar el famoso artículo y ver por mí mismo por qué se utilizaba ésta figura (casi inexistente en la Argentina) contra el periodista.

“Esta semana, por segunda ocasión, la Dictadura [por el gobierno nacional ecuatoriano] informó a través de uno de sus voceros que el Dictador [por el Presidente] está considerando la posibilidad de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de septiembre, por lo que estudia un indulto”, leía el texto…

“Comprendo que el Dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales”, “Lo que ocurre en realidad es que el Dictador por fin comprendió (…)”, “(…) sino en un recinto resguardado por fuerzas leales a la Dictadura”.

A medida que avanzaba con la lectura comenzaba a surgirme un sentimiento de bronca total. Existe un derecho a la libertad de expresión a través de la prensa, pero éste hombre se pasaba. Avergüenza a todos los relacionados al periodismo, creo yo, que un profesional se permita expresarse de forma tan burda, y sobre todo que los dueños del diario le permitan publicar esto.

Pronto me acordé de Fito Páez y su glorioso “da asco la mitad de Buenos Aires”. Está bien, es otro país, otras leyes, y Fito es Fito, no un periodista, pero, ¿de dónde salía entonces que en Ecuador haya una pena de 3 años y 40 millones de dólares de multa y acá nada más que un uso político de las declaraciones?

Ahí es cuando llegué al tema del que me gustaría realmente escribir, que son los límites a la expresión. Hay derechos que están en papeles, pero hay otros que es casi zonzo incluirlos. Es decir, ¿tendría que existir el derecho a no ser agredido? ¿El derecho a una prensa responsable?

Y es ahí cuando se me ocurre que los límites a la prensa los pone una sociedad. Una sociedad que puede, como la nuestra, condenar que no se pueda criticar por miedo a una denuncia judicial, o que también puede mostrarse en contra de que a un profesional se le ocurra tergiversar completamente la realidad para ser hiriente a una nación entera.

La libertad tiene un único límite, la de la persona que tengo al lado. Cierto, pero está en mí ver si quiero tensionar esa situación para llegar a ese borde incómodo. Lo que viene después es una reacción en cadena, pero el disparador siempre es la persona que está detrás de la lapicera, la máquina de escribir o la computadora y se le ocurre expresarse como un energúmeno.

En Argentina quizás esto no nos afecta tan de lleno, pero creo que Latinoamérica debería sentirse un poco indignada porque se haya llegado a ésta situación. ¿Por qué tengo que defender a Palacio cuando me parece que se pasó completamente?

Qué se yo, quizás sí fue muy dura la pena, pero también espero que más que quedarse en éste caso particular, los latinoamericanos nos planteemos si no debería haber más responsabilidad en los medios, tanto por parte de los escritores como de los editores. Son situaciones clave los casos ejemplares como éste, y es un punto de inflexión si decidimos avanzar hacia el reclamo de medios serios.

Los derechos se ejercen de una sola manera, con responsabilidad. Son una guía, no una ordenanza objetiva, y depende de nosotros hacerlos respetar cuando se los ataca y también cuando se los usan con excesos.

11 de julio de 2011

Ese momento efímero llamado voto

Ayer se celebraron las elecciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y más allá de los resultados que se dieron (un 47,1% para Mauricio Macri y un 27,8% para su competidor para la segunda vuelta Daniel Filmus), quiero dejar una simple reflexión sobre lo que significa o significó para mí, por lo menos, ejercer la votación, teniendo en cuenta que fue la primera vez que asistí a los comicios.

Mientras esperaba para votar, en la cola que siempre se forma cuando hay que hacer algo en público, me puse a pensar en que iba a pasar después de transferir mi opinión y mi pensamiento a un sobre con un papel que luego sería depositado en una urna. Hasta ese momento no le di importancia al cuarto oscuro. Sin embargo cuando tomaron mi documento (por suerte no me felicitaron por ser la primera vez, eso hubiese sido muy molesto) y me dieron el sobre para que ingrese al cuarto oscuro, tuve otra mirada.

Ingrese al aula, un montón de boletas como debe ser, pluralidad de partidos y voces, pese a que ello se diluya solo en un discurso (la realidad económica de cada partido suele determinar quién habla más o menos). Muy convencido de lo que iba a hacer, a quién iba a votar y a quién no, metí el papel sin cortar boleta y salí en un tiempo aproximado de 2 minutos porque me quede viendo las demás boletas a ver si estaban todas. En ese momento me di cuenta de una situación que nunca había pensando en mi vida, mi pensamiento se había materializado en u objeto y mi responsabilidad como ciudadano duro dos minutos.

Todavía, ¿Seguimos creyendo que una ciudad se construye con dos minutos de participación e involucramiento ciudadano en una simple votación? ¿Es posible defender los derechos sociales, humanos y civiles de la ciudadanía en su conjunto en un acto tan efímero y concreto? Me imagine a la votación como una excusa para justificar el comprometimiento personal e individual con la realidad que vive el país. No salir nunca de un entorno en el cual nos movemos, pensar mi propio pensamiento en base a los discursos idealistas, carentes de verdades empíricas o engañosos que los políticos muchas veces dan por televisión y eso sumado a una cultura que se gestó en el “sálvese quien pueda” resulta una combinación explosiva mixta de individualismo, de creer que podemos saber todo y hablar de todo y de caer en posiciones fanáticas en un ambiente en donde el fanatismo irreflexivo y la devoción religiosa pueden desembocar o tener consecuencias terribles en términos humanos.

Los derechos de las personas no tienen ideología ni bandera partidaria y es un deber cumplirlos no solo por los que detentan el poder, sino por la totalidad de la ciudadanía. Tuvimos 1460 días, 35.040 horas y 2.102.400 minutos en cuatro años para hacer valer nuestros derechos y construir algo más equitativo y justo, que de igualdad de oportunidades. Y la vida durante los próximos años para parte de la sociedad fue definida en un cuarto oscuro mientras otra espera cómoda por ingresar dentro de cuatro años más a ese mismo lugar solo para no ser sancionado por la ley.

Les dejo una cita de Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

5 de julio de 2011

Sobre la política, esa aura perversa que rodea a los estudiantes


En los últimos días vimos que, de nuevo, se toman escuelas por reclamos edilicios que no nos son desconocidos, por reclamos sobre las viandas, la calefacción. No es mi intención decir cuán válidos o no son, pero sí analizar otro punto.

La respuesta a éstas acusaciones variaron. Algunas fueron directo a los reclamos, pero otras tuvieron otro carácter. "Es una demanda politizada", "buscan impacto electoral", esos dichos son a los que me refiero; y es porque marcan una ineptitud y una ignorancia que me molesta muchísimo.

La Educación Pública es una política. El ministro se sienta todos los días a administrarla en todo sentido, y, por ende, lleva adelante una cierta política educativa que se ve reflejada en la asignación presupuestaria, las reformas de contenido, medidas aisladas, etc. Éstos estudiantes, entonces, reclaman en contra de sus iniciativas, porque desacuerdan. ¿Y qué hay de malo en eso? 

En vez de charlar sobre su viaje de egresados o la fiesta de fin de año, los alumnos ven una realidad y deciden enfrentarla, ¿no deberíamos estar orgullosos de eso? No es una cuestión de cómo la que se critica, sino que se ataca el hecho de que estén "politizados" (como si fuera una especie de aura que los rodea y los hace malvados) y de que busquen "impacto electoral". 

Estos pibes, en su mayoría, no votan. Entonces es evidente que lo único que pueden hacer para buscar un cambio es reflejar un tema en la sociedad, y lo están haciendo. Están implantando ésto para mostrarle a la gente que la educación tiene que ser un criterio para votar, porque está muy mal (o no, eso será discutible). Yo también lo haría a 1 semana de las elecciones, sino la gente se olvida (en realidad, se concentra en otro tema), y no veo qué está mal en eso.

¿Por qué se esperan, entonces, algunos "políticos" que no se trate de un reclamo político éste? Si son fuerzas de izquierda, kirchneristas o las que sean las que reclaman, ¿por qué no esmerarse en debatir y defender la política educativa que hay en vez de desmerecer la participación, que supuestamente es lo que se pregona? Hasta ahora, la respuesta más correcta y correcta que escuché es "los que quieren otra política educativa, que voten otra alternativa", y no me representa.  Si fuera estudiante secundario me manifestaría como pueda, hoy voto. 


Lo que no puedo terminar de determinar es esta cuestión cultural de que la política no es maligna, de que tiene que ser la herramienta mediante la cual busquemos cambios y que todos (incluyendo a los más jóvenes) tienen que saber utilizarla. Los criterios, el contenido, los marcos son cosas que definen quienes tienen el poder de imponer ideas, yo puedo proponer que lo discutamos al menos.

3 de junio de 2011

Tomate una (Coca) y olvidate!

“Basado en un estudio realizado en el 2010 sobre la situación actual del mundo”… bueno está bien, si vos lo decís, te escucho. Pero ya empieza mal; muy mal. Primera imagen: grupo de niños en un salón con un hombre tocando la guitarra y música en un tono paradisíaco. A la cuenta de 1, 2,3, VA! Arrancan a cantar y de repente todo es alegría y amor en el mundo de lo magnífico y sublime!

Imagínense que después de ver el primer relato “por cada tanque que se fabrica en el mundo, se fabrican 131 mil peluches” la alegría y el amor no eran precisamente las cosas que salían de mi boca aunque por un momento pensé “esto debe llegar a algún lugar, vamos a darle tiempo”.

Una vez más, el mundo de la publicidad se encargó expresamente de hacerme quedar como un tarado. Realmente no se me ocurre una relación directa entre la caída de la bolsa y las versiones que pueda y debe haber de “What a wonderful world”. Algo que sí sé es que, sí la crisis de la bolsa de valores nos afecta a todos, ¿cómo vamos a hacer para escuchar las versiones de la canción si no tenemos acceso al tema? ¿Será el mundo como lo canta Louis Armstrong, así de maravilloso y sano? Mmm… déjamelo pensar dos veces… y claro seguro que sí: va a ser un mundo sin desigualdades porque todos sea como sea, a través de la radio o compu o tele, vamos a escuchar las 3934343843834 versiones de Que Mundo Maravilloso y así todos vamos a levantarnos y reproducir nuestra vida diaria de forma rutinaria, porque somos felices pero no tenemos acceso a agua corriente!

Solo me falta decir “Me Encanta esta propaganda” y corroboro que McDonalds me alieno totalmente (el cual merece un capítulo muy aparte). Pasamos al siguiente cuadro: hay más de ocho mil personas donando sangre por cada persona corrupta. Reflexión: hay una persona corrupta esperando chupar la sangre digna de esas ocho mil personas que donan y ustedes saben para qué? Bueno si no saben yo se los digo, se toma unas lindas vacaciones en el Caribe con Yabrán, Bin Laden y sus nietos, y como no podía faltar… Carlos Menem… ah casi me olvidaba de Grondona!

De repente nos encontramos con un muro y 200 mil alfombritas que dicen “Bienvenido”. Un día Juancito decidió cruzar ese muro con 200 mil alfombritas apiladas, entonces cuando llegó a la cima y podía cruzar al otro lado, dos ametralladoras lo apuntaron y le dijeron “disculpe señor, tenemos un arma nuclear, debe retirarse” frente a lo cual el pobre Juancito respondió “pero yo conozco a 200 mil mamás que hicieron tortas!”. Por ahora no tenemos indicios del paradero de Juancito y en cuanto a las mamás, creo que siguen haciendo tortas… o quizás solo quedaron las tortas.

Pero imaginen esta historia. Me impregnó mucho esta frase de que hay más billetes de Monopoly que Dólares. Fui al banco y dije que quería hacer un plazo fijo. Le mostré mis billetes y el guardia de seguridad salió invicto; de cinco patadas me encajo cinco ya saben dónde y mis billetes del Monopoly adentro de eso que ustedes imaginan… e imaginan muy bien!

Bueno cerrando un poco, me queda agregar un detalle. La verdad no sé si lo han notado pero al parecer Coca-Cola le da un lugar muy importante a la diversidad cultural y humana. Vean cómo está conformado el grupo de niños (parecen elegidos por Noe para conformar su arca). Hay de todo tipo y es una imagen hermosa, no? Es una lástima que los que se jactan de fomentarla sean los mismos que tienen empresas con trabajo infantil en zonas desprotegidas y débiles y los mismos que despiden trabajadores cuando piden “mejores condiciones laborales”.

Pero nada de eso importa mientras podamos repartir 131 mil peluches, escuchemos Que Mundo Maravilloso, donemos sangre, pongamos alfombritas con la insignia “Bienvenido” y juguemos al Monopoly; no le demos bola a los misiles, a los muros, a la explotación y a las armas, todo se va a solucionar compartiendo una Coca-Cola.

30 de mayo de 2011

Somos

Somos 2, 4, 6, (pero ni 7 ni 8 ni Clarín), muchas y pocas personas al mismo tiempo. Somos los que queremos encarnar una idea: transmitir aquellas opiniones que, a veces, son descartadas por el “sentido común”. Si en oposición a la indiferencia cotidiana nace este proyecto, nos hacemos cargo del compromiso que conlleva. Es una herramienta de comunicación y, como tal, tiene un propósito. Pero no sería intrigante si nos pusiéramos a detallar qué es exactamente aquello a lo cual apuntamos; eso queda a merced del lector. Es probable que las palabras tomen otro color y diferentes matices si se tienen en cuenta situaciones particulares, fuera de toda generalización, es decir, que tengan diferentes significados cuando se las analice en contextos diversos.
Tabú es, precisamente, algo que se descarta sin un fundamento netamente racional, es algo que se descarta y ya. Bueno, ¿por qué? No es casual que haya fenómenos que no se expliquen o intereses que sean oscurecidos y ocultados cuando se trata de mostrar la realidad. Aquellos con opiniones divergentes y podríamos decir “subalternas”, en su oposición a las hegemónicas, son un tabú, expresado no en acciones, pero sí en prácticas intelectuales o simbólicas. Ahí donde el lenguaje está presente está, a la vez, ausente y donde su significado cobra una connotación particular, cercena otras posibles. Su engaño consiste en su unilateralidad y nuestra sumisión a la falta de perspectiva. Brindar diferentes puntos de vista, no solo ideológicos, sino también sociales, será una de nuestras principales certezas y la forma de llevarlo a cabo, nuestra duda más inquietante.
Estamos confiados en poder llevar a cabo un proyecto que, según lo descripto, se muestra ambicioso. Para eso creemos en el humor como herramienta útil para la crítica, sin dejar de lado un contenido profundo y fino, y van a ver mucho de eso acá. Muchas veces se dice que el humor contiene cierto grado de verdad, y es que el humor es ni más ni menos que la parodia de la verdad, ya esté teatralizada o dramatizada. Sin embargo no dejará de ser contundente o, si se quiere, legítimo. A lo que trata de ser ocultado hay que echarle luz y, así, desarraigar viejos tabúes y desafiar lo prohibido, siendo ello nuestra tarea de aquí en adelante; lo que nadie dice, nosotros lo queremos gritar con altoparlantes, pero está usted avisado:
Estimado Lector:
No espere que nos callemos o tengamos opiniones cómodas, seguramente lo que digamos le va a molestar o le va a parecer extraño, pero ese es el principio de toda discusión. Asumimos los riesgos intelectuales si ello sucede, a costas de creer que no podemos quedarnos sentados, y menos, mirando la televisión.
Atte. Politburó de Opiniones Tabú