8 de septiembre de 2011

Dejemos de relatar el presente sin ver el pasado

La discusión de hoy toca temas relacionados a los medios de comunicación, pero también a un profundo análisis socio-económico e individual que es necesario replantear y cada vez con más fuerza. Me refiero, en primer lugar, a la incómoda presencia de métodos tanto conductistas como organicistas en los medios; conductistas en tanto pareciera, y cada vez más, que sus métodos de condicionamiento funcionan en base a los principios de recencia y repetición y organicistas en cuanto su tendencia a mostrarnos hechos aislados, no en el sentido de únicos, sino descontextualizados de cualquier tipo de explicación socio-económica e histórica posible. Finalmente, encontraremos la consecuencia de ello, en las palabras que recientemente pronunció Eugenio Zaffaroni.

Comenzaremos entonces por desglosar en la práctica algunas cuestiones relacionadas al organicismo, o como bien podría denominarse, en forma de burla trágica, “ORGANI-CINISMO”.

Esta tendencia filosófica, por mal que nos pese, ha quedado profundamente arraigada en el “Sentido Común”, que hoy empieza a ver su hegemonía resquebrajada, pero aún permanece latente. ¿Qué nos dice? A resumidas cuentas, el organicismo en Ciencias Sociales establece una comparación entre un organismo vivo, con sus órganos en perfecto funcionamiento y la sociedad. Comúnmente, en medicina, y a menos que me equivoque en mis dichos, cuando un órgano es disfuncional, es decir, atenta contra el normal funcionamiento del cuerpo, se suele extirparlo o, en su defecto, se intenta curarlo. Traslademos esto a la sociedad. Cuando alguien atenta de forma disfuncional a las reglas impuestas por la sociedad, es decir, comete algún tipo de delito, es necesario proceder con el “bisturí”; eliminar el problema o curarlo, que básicamente significa enviarlo a la cárcel, ya que es el remedio que la sociedad contemporánea encontró para un órgano disfuncional a ella.

La relación que encontramos con los medios de comunicación es bastante estrecha. Cotidianamente somos jueces de nuestra propia realidad cuando intentamos brindar juicios valorativos sobre situaciones “disfuncionales” a las leyes, como puede ser la exhibición de un asesinato o robo. Pero así como un detective se sumerge en la lógica criminal, el científico social debe ponerse en la lógica del ciudadano promedio. Podremos ver entonces como la presentación de un hecho de forma sincrónica (estática) hace reaccionar inmediatamente al sujeto, formando su opinión y su criterio para tratar las problemáticas sociales, que generalmente derivan en opiniones del tipo organicista. De esta forma, describiendo un hecho social como algo inmutable, se corre el riesgo de dejar de lado explicaciones socio-económicas e históricas, podríamos decir diacrónicas (en una evolución temporal). Por eso cuando los medios nos muestran un robo, nos ocultan la heterogeneidad de causas que puede haber detrás de él y nos hacen creer que la disfunción, y esto es lo más peligroso, es un producto del hoy, de la actual existencia y no de un proceso histórico particular y descriptible. “La disfunción debe pagar”, piensa el ciudadano, y después de haber descripto esto, no lo culpo.

Dirijámonos ahora hacia el siguiente tópico, el condicionamiento por repetición y recencia, método utilizado por Pávlov para hacer salivar a su famoso perro, ese mismo que le valió un Premio Nóbel.

Todos los días somos espectadores de una cruda realidad, que no pienso desmentir, pero tampoco dramatizar y mucho menos espectacularizar o generalizar. Sin embargo la repetición y la recencia son dos factores clave para condicionar nuestros sentimientos, si bien sabemos que la subjetividad humana es diversa y tampoco es cierto que los medios determinen en un cien por cien el modo en el que actuamos, pero es innegable que nuestra conducta se construye día a día y año a año.

En gran medida, y cada día más, dependemos de los medios para conocer la información, o la desinformación, si tenemos remanente algún sentido crítico. Por eso, el ciudadano, agotado luego de una jornada laboral, llega a su hogar y observa en su televisión aquellos noticieros llenos de muertes, robos y asesinatos. ¡Eureka! Hemos encontrado el principio conductista por excelencia, la REPETICIÓN. Pero aún nos falta discutir uno, que también está ligado a él y que le da definitivamente una importancia de categoría. Me estoy refiriendo a la RECENCIA, es decir a la aplicación constante de la repetición. Sin esté segundo método, el primero carecería de utilidad; de nada le sirve a un medio la repetición para aumentar la crítica sobre la inseguridad si esta ocurre con meses de distancia, por cuestiones que hacen al funcionamiento de la memoria y que no pienso explayar aquí.

¿Podríamos argumentar que si no existiesen mecanismos de recencia y repetición en cuanto a la exhibición de hechos delictivos, el reclamo constante por mayor seguridad se evaporaría? Probablemente no, pero de lo que estoy seguro es que nos permitiría pensar algún otro tipo de salida mejor no solo para el afectado, sino para la sociedad en su conjunto, sumado a la difusión de otras formas de concebir la realidad sin estar atado a una ideología que peca de organicista.

Pero finalmente nos queda una cuestión más, y que en cierta forma, muestra a lo que me refiero con los medios de comunicación y su impacto en la lógica del “Sentido Común”. Estoy haciendo alusión a los dichos del jurista que ha estado en medio de un escándalo internacional que aún no ha sido probado, pero cuya condición como profesional es innegable. Me refiero al Dr. Eugenio Zaffaroni, que brindó una conferencia para la Facultad de Periodismo y Ciencias de La Comunicación de La Plata, en el marco del Primer Congreso de Comunicación y Ciencias Sociales bajo el lema “Tensiones y Disputas para la Producción de Conocimiento para la Transformación” (ver nota).

Allí, y a grandes rasgos, sugirió que “se debe marchar hacia un estado social y no hacia un estado gendarme”, esto es, hacia un estado más inclusivo y menos discriminador antes que a un estado represor, o como diría Althusser, que utilice en forma desmedida los “Aparatos Represivos del Estado”.

También aseguró, por ejemplo, que en Estados Unidos el número de presos aumentó considerablemente, como así también el gasto del estado en el sistema carcelario, porque es un gran negocio tanto para las empresas privadas que administran el sistema como para el Estado (ver video sobre “Negocio de las cárceles”). De esta manera advirtió “hoy en día, Estados Unidos tiene diez millones de personas que viven del sistema penal” y agregó “El estado gendarme genera violencia y solo violencia”. A modo de ilustración, citamos como fuente el informe presentado por Daniel Fridman, investigador de la UBA, acerca de la evolución de la cantidad de presos y el gasto público en ese sector, para fortalecer nuestra argumentación (ver documento).

Pero no podíamos finalizar esta argumentación sin demostrar lo que reflexionamos sobre medios y sujetos-masa (para no decir masas y ejercer una acción generalizadora, porque nos estaríamos contradiciendo). Zaffaroni aseguró que “Hay que evitar que los medios nos lleven como los países centrales a una paranoia de inseguridad y nos cuentan los cadáveres pero no tenemos un estudio cualitativo de los delitos”. La finalidad, es en definitiva, conseguir un Estado Gendarme.

Por esta razón, y las descriptas anteriormente es que llamamos a que cada vez que veamos un hecho delictivo, pensemos y discutamos con nosotros mismos profundamente, sobre las causas que el mismo pudo tener, e inclusive a ser precavidos antes de emitir denuncias desmedidas cuando las situaciones carecen de la información necesaria para dar una opinión acabada y elaborada.

La decisión de realizar está reflexión es individual; su consecuencia, seguramente, tendrá un fuerte impacto social y la pregunta subyacente es ¿Qué queremos, un Estado Social o un Estado Gendarme?

PD: La reflexión no está dirigido a un caso particular, como todos saben y conocen, sino a una forma de ver el mundo preexistente a los medios, pero incorporada por ellos y en ellos.

6 de septiembre de 2011

Vuelve la falacia del ránking de universidades

Como todos los años, más o menos por ésta fecha, ciertos medios se esmeran en difundir una deformada imagen de la universidad pública. Hoy, vemos títulos que se basan en un ránking mercantil se utilizan para agredir a la UBA.

El estudio es el QS-Top Universities, y aparece un sitio con artículos que leen "los análisis basados en el mercado son vitales para elegir una facultad", por lo que no nos puede sorprender la meticulosa selección que se ha realizado.

En ella, Harvard y cientos de universidades privadas encabezando el ránking, mientras que la UBA está en el puesto 270. P0r supuesto, aquellas con un cupo ilimitado aparecen por debajo.

Las fotos que presentan las noticias que mediatizan esta calificación son de tomas de establecimientos. Claro, evidentemente son éstas el único hecho que merma la calidad educativa. Nada tiene que ver la falta de renovación en los planes de estudio (en la Facultad de Ciencias Económicas se sigue enseñando la visión neoliberal como la predominante) ni el hecho de que promediar miles de estudiantes evidentemente no dará las mejores notas.

Claro que lo que se pasa por alto (o, en verdad, se dice implícitamente) es que no tiene valor el hecho de que cualquiera pueda acceder a una educación universitaria. No vale que sea pública, valen las notas.

Sí, una facultad con cupo generaría que se concentren los mejores promedios, pero vemos en realidad que la cuestión no pasa por allí. Las universidades privadas de la Argentina no figuran en el ránking.

Como todo ésto no figura en el análisis de aire "objetivo" (y conociendo la tendencia ideológica de éstos medios), yo no puedo hacer más que ponerme a pensar que aquí no se quiere poner en tela de juicio la falta de titularidad en la UBA, ni tampoco los planes de estudio. Aquí se busca ir contra un sistema universitario, por generar una visión negativa de la participación política, y es algo que me avergüenza.

Has recorrido un duro tramo, muchacha

La Argentina siempre tuvo ataques de éste sentido, internos y externos. No nos vamos a olvidar cómo se atacó y, en menor medida, se sigue atacando la política económica proteccionista, reguladora e interventora del Estado. Tampoco como hoy en día en los países vanagloriados por éstos medios se ve a la Argentina como un modelo a seguir para escapar a la crisis.

Lo mismo pasa hoy con la educación. Cuántas veces me harté de escuchar que la educación chilena estaba mejor que aquí. Es esa educación para la cual los jóvenes se endeudan de por vida, contra la cual centenares de miles de personas se movilizan hoy en día, generándose polémica en todo el mundo. ¿No podría pasar algo similar cómo lo que sucedió con la crítica económica? ¿No estaremos haciendo las cosas muy bien?

No necesito que una consultora me diga la calidad que puedo encontrar en la UBA. Estudiantes de familias pudientes de toda Latinoamérica deciden ingresar para gozar de sus servicios. Por supuesto que se puede mejorar, pero se debe comenzar a valorar más lo que vemos, lo real, por sobre análisis de sitios de ránking mercantil.

No es necesario que difundan exactamente éstas palabras, que difundan la nota por mail, Facebook o Twitter, pero sí pido que se dé a conocer ésta idea en ámbitos a los que claramente no puedo alcanzar. La defensa de la educación pública no es porque sí, es porque es la principal vía hacia el desarrollo del país, seamos del color político que seamos. Saber que existen intereses contrapuestos en notas como éstas forma parte de esto.

29 de agosto de 2011

Falacia "ad irregularis" tras las PASO


Me gustaría remitirme a un tema penoso que surge como repercusión de las elecciones primarias, no por su veracidad o no, sino por el efecto que se le busca dar: las denuncias de irregularidades.

Antes de hablar del tema, vamos a explicar brevemente lo que es un día de fiscalización electoral, para que queden los tantos claros.

Paso 1: A eso de las 8 menos 10, uno llega al colegio que tiene que fiscalizar. Se acomoda en la mesa que le corresponde saluda a las (idealmente 3, presidente y dos suplentes) autoridades de mesa, se prepara y se abre la urna. Votan las autoridades, votan los fiscales, y se habilita el sufragio a los ciudadanos.

Paso 2:En el transcurso del día, uno ingresa periódicamente (cada 45 minutos, más o menos, dependiendo de la cantidad de gente) al cuarto oscuro para revisar que el orden de las boletas sea el correcto, que no falte ninguna, y que no haya ninguna irregularidad (carteles, boletas rotas, papeles tirados). Ante cualquier inconveniente, hay 2 o 3 (depende de la cantidad de mesas) delegados de la Justicia Electoral a quienes se le pueden hacer consultas. Sin embargo, la decisión final siempre es del Presidente de Mesa (o de los suplentes, si éste no se presentó).

Paso 3: A eso de las 18 (en el caso ideal), se cierran las puertas del colegio. Votan las personas que quedan en la fila y luego se cierra la urna. Se procede, luego, a ingresar al cuarto oscuro, donde solo las autoridades podrán tocar y abrir los sobres para contar los votos (en los hechos, muchas veces reciben ayuda del personal de gendarmería o de los fiscales, algo que no es correcto pero tampoco es la muerte). Éste es el conteo provisorio (no es definitivo).

Paso 4: Luego de contar y recontar (los fiscales pueden recurrir votos que consideren irregulares y pedir recuentos), se procede a labrar el acta de cierre, en el que se anotan los votos de cada agrupación, los blancos y los nulos. El acta, las boletas, los sobres, y otros documentos pertinentes se guardan en la urna que se cierra definitivamente hasta el conteo definitivo.

Paso 5: El presidente de mesa llena un telegrama con los mismos datos que aparecen en el acta y se los entregan a un personal del Correo Argentino. Éste lo transporta al Centro de Cómputos Oficial, donde se suben los resultados delescrutinio provisorio.

Paso 6: Días después, apoderados y representantes de los partidos se presentarán al conteo definitivo, en el cual se abrirán las urnas, se corroborarán los telegramas y se compararán actas de los partidos, y, si no hubiera inconvenientes, se confecciona el resultado definitivo, el único aceptado legalmente.

Ahora...

A sabiendas de todo ésto, uno empieza a considerar extraño que se realice semejante escándalo sobre denuncias en 6 mesas. Son las que hizo Eduardo Amadeo, candidato bonaerense por el duhaldismo.

Es un peronista con -imagino- alguna experiencia política. Es decir que debería saber que un telegrama no vale nada, legalmente hablando.

De hecho, es todavía más curioso que se de tanta prensa a 6 urnas, cuando en la Provincia de Buenos Aires había 31.519 mesas en total. Es decir, un escándalo sobre el 0,02% del padrón del distrito, y 0,007% del nacional.

Digo, hablemos sobre por qué la Justicia Electoral no quiso distribuir las boletas y se tuvo que hacer cargo el Poder Ejecutivo (que no se encarga de las elecciones por no ser un poder neutral). Hablemos de por qué hay dos jueces (María Servini de Cubría y éste tipo, Manuel Blanco) que quisieron trabar las Primarias porque no le daban los fondos que querían (ejem, sin comentarios).

O sino, más fácil, pensá (porque no lo vamos a hacer por vos), Amadeo, sobre cómo vas a hacer para reducir el corte de boleta Duhalde-De Narváez.

Si hubo 6 personas que intentaron vulnerar la voluntad democrática, se debe investigar y resolver, pero, ¿era necesario hacerlo portada de 3 (muy leídos) diarios?

No hay problema con la investigación per sé, pero sí sería pobre que ésto constituya un intento de denostar resultados electorales. Sería tristísimo que juzgáramos de otra manera lo que fue una de las mejores participaciones democráticas desde el regreso de la democracia por semejante pequeñez. Triste ya es la falacia "ad irregularis" que sufren los comicios pasados. Mucha suerte en octubre y empecemos a discutir temas importantes en la Argentina.

26 de agosto de 2011

¡Consumamos educación!

Vamos a iniciar un recorrido que se desprende inicialmente de los dichos del presidente de Chile, Sebastián Piñera, quién calificó recientemente a la educación de “objeto de consumo”. Queremos no solo oponernos fervientemente a esta concepción, que considera a un derecho consagrado por nuestra Constitución Nacional como un servicio o un bien, sino también detallar con exactitud las implicancias que subyacen detrás de ella y que particularmente podemos ejemplificar a través del mecanismo que gobierna nuestra economía de mercado. Me refiero a las leyes de la Oferta y la Demanda.

Primero hay que explicar cómo funcionan tales leyes. La Ley de la Demanda nos dice que a mayor sea el precio, menor será la demanda de tal producto y a menor sea el precio, la demanda crecerá considerablemente. Por otra parte, la Oferta nos dice que a mayor sea el precio, mayor será la cantidad que se pueda ofertar, y a menor sea el precio, entonces menor será esa posibilidad de ofertar algún bien o servicio.

Pongamos un ejemplo para que se entienda. Un bien se está vendiendo en el mercado a $10 y ello genera una demanda de 200 personas. Sin embargo, tal precio no permite obtener tantos beneficios como para ofrecer 200 productos y satisfacer la demanda, con lo cual el precio es elevado para que en vez de que 200 puedan comprar, solo accedan 100, suponiendo que se duplico el precio del bien a 20$. Así se logra el equilibrio, ya que este precio permite producir suficiente como para satisfacer la demanda. En este caso se dio que la Demanda es más alta que la Oferta y entonces el precio automáticamente se amoldo a las exigencias del mercado; la famosa “mano invisible” de Adam Smith.

Por el contrario, cuando la Oferta sea mayor a la Demanda, es decir si ahora el bien de $20, que nos permite producir 100 unidades, recibe una demanda de 80 personas, el precio decaerá, supongamos, hasta $15, y ahora podrán consumir 90 personas, mientras que la obtención de beneficios nos permite producir esa cantidad.

Ahora, traslademos esto a la educación, sabiendo que Piñera la administra a través del mercado, supeditada a estas reglas.

Supongamos que la cuota es de $100, y por ese precio hay 1000 chicos que quieren estudiar; la demanda de educación es de 1000 personas. Con esa cuota, el sistema educativo pretende incluir a todos, pero se encontrarían los primeros problemas. Cuando el individuo encargado de administrar la oferta de educación se da cuenta de que $100 no son suficientes para dar una de calidad a esa cantidad de potenciales alumnos, la cuota tendría ser elevada (a mayor sea el precio, mayor será la cantidad ofertada). Es decir, si el encargado siguiese ofreciendo una educación por una cuota de bajo precio, la demanda será mucha y no se podrán satisfacer las necesidades necesarias para que funcione de forma correcta (mantenimiento de aulas, condiciones edilicias, compra de materiales, sueldos de profesores, etc).

Como las leyes de la Oferta y la Demanda le impiden cobrar una cuota baja porque se produciría un déficit y con ello la quiebra, el siguiente paso es aumentar la cuota, y con ello la demanda disminuirá (a mayor precio, menor será la demanda). El administrador sacas las cuentas y se entera de que si cobra $200 la cuota, la demanda de educación será de 500 alumnos, y a la vez, tal dinero que ingresa le permitirá brindar lo necesario e indispensable para garantizar un normal funcionamiento, evadiendo el déficit y obteniendo, inclusive, beneficios (aunque esta sea otra discusión).

Una vez más, la “mano invisible” (que es muy visible), actuó nuevamente, aunque Adam Smith nunca hubiese tolerado una educación o una salud privada, pero forma parte de la lectura sesgada que hicieron los neoliberales a su Teoría de los Sentimientos Morales.

Pero todavía no llegamos al fondo del problema. Hay 500 alumnos que están en condiciones de acceder a la educación por el precio del servicio ofertado, pero hay otros 500 que no, y que quedaron relegados del acceso a tal bien (para Piñera) o derecho (para los redactores de OpinionesTabú). Aquí radica nuestra argumentación. Si hablamos de una bicicleta, que debido a un brusco aumento de su demanda, el precio sube y algunos no pueden acceder a ella es algo entendible; pero acá se está discutiendo un derecho básico y esencial para un ser humano en un mundo en donde la inserción al mercado laboral es inevitable, y ello dependerá de la formación académica que reciba.

Esos 500 que se educaron, vivirán una vida plena, llena de alegrías y frustraciones, de momentos buenos y momentos malos, como a todos nos sucede o sucedió alguna vez. Del otro lado quedaron los 500 que debido a que sus familias no pueden pagarle una educación como a los otros 500, no lograron acceder a una formación educativa. Estos están condenados a vivir de trabajo en trabajo, a tener que moverse como puedan, a tener que adaptarse por más salvaje que sea esa adaptación, a tener que buscar la forma de subsistir a través del medio que sea. Así como quedan excluidos hoy de la educación, mañana quedarán excluidos en sus trabajos, como puede ser alguien que es echado por “falta de capacitación”, o porque de repente apareció alguien más capacitado (uno de los otros 500), y ya excluidos de sus trabajos, se los excluye del mercado laboral, luego del sistema y así desaparecen del mapa, son los “nadies”. Lo único que se logra es reproducir la brecha entre ricos y pobres. Los “salvados”, son bienvenidos y a los “perjudicados”, les dan la bienvenida al mundo del PACO y la miseria.

El reclamo chileno no es solo por una educación pública y laica; sino por la erradicación de toda una forma de concebir al mundo, formada por una mezcla de Darwinismo social y determinismo psicológico, una concepción que prioriza y hace parecer a aquellos que tienen acceso como “valiosos” y a los que no como “incapaces” o “faltos de capacidad intelectual”.

Lo que está en crisis no es solo el sistema educativo, sino este sistema de valores, creencias y significados sobre los cuales se asientan los más profundos intereses del mercado, llámese neoliberalismo. Esta ideología económica ya se cargo unos cuantos muertos en nuestro placard, por eso me pregunto ¿Cuántos más? ¡Fuerza estudiantes de Chile, la educación es un derecho para todos, no un negocio!


PD: está nota fue escrita el día 25 de agosto. Los medios del 26 de agosto publicaron el asesinato de un estudiante a manos de la policía encargada de reprimir la manifestación en Chile. Cuando hablamos de muertos, hablamos enserio; el pibe tiene un balazo en la cabeza por reclamar un derecho.

23 de agosto de 2011

Otro ladrillo en la pared

Es cierto que es un medio para la inserción y la inclusión, proceso de adquisición de conocimientos básicos indispensables para asegurarnos un futuro próspero en términos individuales, o al menos eso es lo que se espera de alguien que porta un título secundario. Pero no caigamos en simplismos; las recetas mágicas que se dictan en las escuelas distan mucho de brindarnos las herramientas para un cambio real y concreto, por lo menos a nivel ideológico y humano.

El problema que suscita la educación a nivel mundial no es solo un problema de cantidad, sino uno de calidad. Y lo que queremos hacer a través de estas humildes líneas, es explicar por qué un aumento de personas educadas escolarmente no es necesariamente un progreso en términos humanos, sino solo económicos y quizás sociales.

La dificultad radica en la forma de enseñanza, en sus contenidos, en su objetivo, en el rol que cumple la enseñanza y la forma en que nos va modelando a medida que pasamos las diferentes etapas de escolarización. Empezamos siendo simples niños aprisionados entre los ambientes en los cuales no manejamos; escuela y familia. Allí se nos enseña lo que “está bien”, lo que “no se debe hacer”, lo que “está mal o MUY mal hacer” y básicamente normas de comportamiento social que son nada más ni nada menos que el germen para iniciar un recorrido más complejo pero aún precario como es la escuela primaria.

Atravesamos la escolarización primaria sin quejas, o por ahí algunas, y se nos siguen dando conocimientos que pocas veces vamos a recordar o utilizar en la vida, pero es solo para establecer un piso común, preparándonos para el ingreso hacia un lugar que definitivamente es el cenit o el canon de lo que se busca que seamos.

Y es partir de acá en donde ese pequeño germen empieza a dar sus frutos. Ya internalizada una forma de comportamiento, que se basa nada más que en seguir reglas de fuerzas que son superiores a nosotros e independientes de nuestra voluntad, nos movemos según lo que pensamos y compartimos socialmente con el capital humano que nos rodea, según lo que vemos superficialmente, y que definitivamente hay que poner en discusión.

“La educación procrea el mal porque lo enseña como bien”, decía Ernesto Sábato, y no estaba tan alejado de la realidad. La competencia y la realización personal son los principios que reinan sobre cualquier otro valor, como la solidaridad con el otro, el altruismo, el sacrificio por los demás y si alguna vez aparecen estos conceptos, se diluyen en la ayuda del tipo sentimental y clasista (relacionada a los sentimientos de amigos o de miembros de una clase social).

Un hombre educado bajo las formas que priorizan lo económico y material frente a lo humano y espiritual puede realmente exhibir la naturaleza del mismo cinismo con el cual se engendró su formación educativa y por ende ideológica, que se asienta los pilares de una escolarización necesaria para vivir una vida digna.

Pero muy lejos de lo que la mayoría debe pensar, la muerte subyace en la enseñanza media y la legitimación de ciertas prácticas deshumanizantes deviene de la devoción a los libros que tanto nos hablan de la condición humana pero poco nos dicen sobre lo que sucede bajo nuestra mirada, que prefiere voltearse hacia otro costado, o en su defecto, construir countrys y pretender vivir fuera de una realidad que sería insoportable si solo nos pusiésemos a pensar en las diferencias que salen a la vista en un subte, en la calle, en las villas.

Lo peor que se enseña es la naturalización y el acostumbramiento. Aunque es casi una paradoja, porque nos acostumbramos a vivir una vida más o menos digna, nos acostumbramos a soportar la pobreza a pesar de verla, nos acostumbramos a ver muerte y desnutrición, en fin, nos acostumbramos a acostumbrarnos, y eso es lo que las actuales condiciones de la educación predican. Esa es la paradoja, ¿Cómo no nos vamos a acostumbrar a naturalizar nuestro entorno social si nosotros mismos representamos el acostumbramiento al que estamos acostumbrados? La religión perdió vigencia y tampoco estamos en la Edad Media, pero la escuela definitivamente ha asumido un rol similar.

Solo se me vienen a la mente esas charlas en donde profesores nos hablaban sobre la inserción al mercado laboral y cómo ser una persona exitosa. ¿Exitosa para quién? ¿Para una sociedad superficial? ¿Para las familias que presionan a sus hijos a estudiar lo que ellos quieren que estudien? ¿Para un control social ajeno a nosotros pero que todos los días nos dice que si no hacemos lo que nos dicen que hagamos vamos a ser unas “lacras”? No, eso no es lo que se debe buscar como sociedad, pero la educación media se ha convertido en un pasaporte indirecto, porque en fin cada uno decide qué es lo que quiere de su vida (o cree que decide por sí mismo), a contribuir y legitimar la rueda que todo aplasta, incluyendo vidas humanas.

Por eso es tan difícil imaginarse que un aumento de las personas educadas vaya a generar vida más humana sobre este Sol. Una crisis de conciencia podría desencadenarse si no se fomenta un pensamiento realmente crítico, y me refiero a personas que gracias a esta educación superan su clase social, pero dejan de lado el contexto que les ha permitido ascender y a todos los que han quedado atrás en su camino, que es una combinación mixta de esfuerzo individual y sacrificio social.

Pero por sobre todas las cosas, que cuando se enseñe a aprender, también se enseñe a dudar de lo que se aprende, que cuando se enseñe a escribir, también se enseñe a dudar de lo escrito y que cuando se enseñe a leer, también se enseñe a dudar de lo que se lee. Que se enseñe a cooperar y no a competir y que se enseñe a que la realización de la comodidad individual no es el objetivo para el cual se estudia.

Ya me extendí demasiado. Simplemente quiero dejar otra cita de Sábato, que dice lo siguiente:

“Los valores del espíritu son los únicos que nos pueden salvar de este terremoto que aqueja la condición humana. La educación encauza su tarea hacia la formación de personas que se adecuen a las demandas del sistema. Esto no es evitable, porque de otra manera formaría “valiosos desocupados”, pero se debe encontrar el equilibrio entre lo individual y lo común, porque si no lo perdido será el ser humano. Eso va a permitir tener una vida normal y ser una persona espiritualmente valiosa”.

Y ahora les dejó un comentario de un usuario que refleja un poco cómo piensan algunas personas educadas bajo las formas que he descripto anteriormente, debajo de una nota que criticaba duramente a los planes de asistencia social. Desarrollen sus propios juicios:

“PORQUE EL SUBSIDIADO ES MENOS QUE UNA VACA - COME, DEFECA, SE REPRODUCE, DEPREDA Y VOTA AL PERONISMO. - SON MILLONES DE PERSONAS FALLIDAS, SIN CEREBRO, QUE DEBEMOS ALIMENTAR Y DEJAR QUE NOS MATEN EN NOMBRE DE LOS DDHH. - ESTAS COSAS NO DEBEN TENER LOS MISMOS DERECHOS QUE LAS PERSONAS PRODUCTIVAS, DEBEN IR A UN ZOO ESPECIAL PARA NO MEZCLARLOS CON LOS ANIMALES. - PERO ANTES HAY QUE EXTERMINAR A SUS CREADORES”.