La palabra tabú designa a una conducta, actividad o costumbre prohibida por una sociedad, grupo humano o religión, es decir, es la prohibición de algo naturalizado, de contenido religioso, económico, político, social o cultural por una razón no justificada o injustificable. Romper un tabú es considerado como una falta imperdonable por la sociedad que lo impone. Hay tabúes fuertemente incorporados a las tradiciones de ciertas culturas, mientras otros responden a intereses políticos...¿O no?
26 de abril de 2012
Desentrañando el aumento en la yerba
29 de marzo de 2012
Traspaso del subte: Problema del "primer mundo" de la Argentina
Salir a reclamar inversiones, diálogo para concretar mejoras en el servicio de diversos tipos, parece algo razonable, debatible. Inclusive, discutir la seguridad que se bride en los subtes, un tema no concretado en el que no es ilógico pedir el traspaso de la Policía Federal (aunque sí habría que disolver la Metropolitana, en ese caso), sigue siendo una alternativa digna de una persona razonable.
Tampoco suena mal proponer una Agencia de Transportes Metropolitanos, como pidió Gabriela Michetti y hoy Mauricio Macri.
Hablamos de mantener 30 líneas de colectivo y de subsidiar (amén del aumento del boleto inclusive) el subte. Es hilarante salir a pedir un trato igualitario con los subsidios y luego pedir una excepción: que los 40 millones de argentinos paguen con sus impuestos el transporte del sector más rico del país.
Hoy, Macri demostró no tener carácter ni madera de presidenciable, y no podemos más que esperar que seriamente la sociedad condene su atropello, que lo condene por creerse el defensor del federalismo y pidiendo, al mismo tiempo, que vuelva a Buenos Aires el control del puerto (uno de los puntos, si no EL punto, más discutidos en las luchas de 1853, previos a la Constitución Nacional que establece el federalismo).
Hoy, se atropelló todo tipo de sentido común con el mayor rejunte de falacias posibles para evitar tomar una situación que, reiteramos, es mucho más sencilla que la que tienen provincias como Río Negro, Salta, Jujuy y Tucumán; ciudades como Córdoba y Rosario; e intendencias del interior de las provincias que se encargan del transporte municipal.
Macri ha demostrado hoy que no está a la altura de las circustancias para dirigir ni una ciudad, ni mucho menos un país, si nos referimos a su propuesta presidencial para el 2015.
PD: Quedará para el recuerdo (como la "estratósfera" de Menem) la mejor frase del discurso del jefe de Gobierno: "No se pueden tomar decisiones con una mayoría en el Congreso, no funciona así la democracia".
9 de febrero de 2012
Cubriendo la “cuestión Kelper”
No hablaremos aquí de opiniones simplistas que, como siempre ocurre en un tema complejo, no son más que trabas al debate real. Sí, en cambio, diremos algunas cosas sobre las actitudes y dichos de editoriales de medios argentinos, algunos políticos y filósofos.
De allí en más, el archipiélago es territorio nacional argentino y es este uno de los principales argumentos en los que se basa nuestro país para realizar su reclamo. En 1833, dos buques británicos arribaron a las islas y echaron a los argentinos asentados allí. Desde entonces (salvo el lapso entre abril y junio de 1982 -Guerra de las Malvinas) son ocupadas por Gran Bretaña.
Eso nos da la pauta para responder algunas preguntas bobas que se formularonen la semana pasada. A los kelpers bien se los puede echar sin permiso de regresar como se hizo previamente, pero no hay por qué ser tan drásticos.
Existen testimonios que narran que los ciudadanos ingleses que viven en las Malvinas son cohercionados para aceptar el dominio inglés. La realidad, y ellos mismos lo aceptan, es que solo dependen en cuestiones de defensa, sea o no ésta necesaria.
Los kelpers son, desde 1983, ciudadanos del Reino Unido, forman parte de un imperio que dirige Isabel II y que compone un mismo Estado. Su derecho de autodeterminación es tan válido como el de los británicos, pero si un inglés forma una colonia en Argentina y alega que vivió toda su vida allí… no dura ni 5 minutos.
La falacia que quiere hacer creer al mundo David Cameron es que las Malvinas son una especie de estado semidependiente de Gran Bretaña, pero en esencia libre y con voluntad de continuar siendo parte del imperio británico. Lamentablemente, algunos en Argentina caen frente a esta trampa.
La cuestión es que se ponen de manifiesto, hoy en día, un siglo y medio de reclamos (el primero lo hizo Mariano Moreno en 1833), un conflicto bélico del que se cumplirán 30 años, y que hayan medios, políticos (representantes de una fracción del pueblo) y pensadores que avalen la táctica mentirosa que el Reino Unido utiliza para ni sentarse a dialogar es triste.
Sus argumentos no dejan de valer, y bien pueden decir lo que se les ocurra en este país, pero la verdad es que palabras que notan mayor preocupación por los ciudadanos ingleses que viven en las Malvinas que por los ciudadanos argentinos que dieron (o pasaron) su vida por la soberanía sobre las mismas duelen.
Por eso no deben extrañarse de que alguien los llame, en ira, “cipayos”, “vendepatrias”, o cosas similares, aunque creo que esta es la mejor forma de discutir el tema. Lo que deben comprender es que acatan el discurso que, hoy por hoy, nos impide acercarnos a un anhelo que comparte la nación entera. Deben estar a la altura de esas circustancias. No titulemos que los kelpers tienen miedo por el anuncio de Cristina Kirchner (4 horas seguidas en Clarín), titulemos que cada día (literalmente) se suman más organismos de DDHH, regionales, nacionales, extranjeros, al reclamo. Celebremos que nunca antes haíamos tenido tanto apoyo en la ONU al respecto.
No vamos a volvernos kirchneristas por querer las Malvinas, ni tampoco nos vamos a volver antis por dejar de quererlas porque no es una cuestión de política local, sino de unidad nacional. Obtenerlas será el mérito de 150 años de reclamos y luchas, y será una victoria de la Argentina, de la UCR, del PJ, del PS, del Frente de Izquierda y de todas las fuerzas políticas que forman parte de nuestro país.
En estos temas, el goce intelectual de sentirse por sobre los demás porque “a mí no me engañan con esto de las Malvinas” no es un lujo que nos podamos dar si nuestro objetivo es que, por fin, Gran Bretaña abandone el territorio que usurpó y los argentinos podamos decir que nuestra patria está completa.
19 de enero de 2012
Cruces por un conflicto de hace meses: La seguridad en edificios públicos
En el día de hoy, se sucedieron cruces por el caso de los barras bravas que ingresaron armados en el Hospital Santojanni para "vengar" a un compañero suyo asesinado a golpes. Es por la cuestión de la seguridad en edificios públicos.
Desde el año pasado, existe una disputa por la decisión que tomó Nilda Garré al asumir el Ministerio de Seguridad de utilizar a la Policía Federal para patrullar las calles en zonas riesgosas.
En abril del 2011, la Federal dejó, previo aviso al Ministerio de Seguridad porteño, de custodiar los edificios públicos de la Ciudad de Buenos Aires, dejando dicha competencia a la Policía Metropolitana.
De inmediato, el Gobierno porteño indicó que no podía hacerse cargo de la custodia de hospitales y oficinas administrativas por falta de personal. Luego, alegaron falta de experiencia en los agentes que tendrían que destinar.
Durante esos momentos, se organizaron sesiones especiales en la Legislatura para que Guillermo Montenegro respondiera consultas sobre sus anuncios, y se le endilgó que haya decidido utilizar seguridad privada para custodiar las dependencias públicas en vez de reubicar oficiales de la Metropolitana.
En ese momento, el Ministro indicó que "hoy en día la policía Metropolitana no tiene la capacidad para cuidar hospitales y edificios públicos”.
“No estoy criticando la política de [la ministra de Seguridad, Nilda] Garré y coincidimos en varias políticas”, agregó, pero dijo: “Yo personalmente no estoy de acuerdo con que la policía preste servicios adicionales”, considerando como "adicional" la guardia en hospitales y dependencias administrativas.
Ante ello, la ministra Garré dijo en un discurso que "el Gobierno de la Ciudad puede asumir perfectamente la custodia de los edificios públicos. Ellos tienen una Policía Metropolitana con unos 2 mil hombres con un entrenamiento importante, de los cuales unos 800 proceden de la Policía Federal, así que tienen experiencia".
“La Policía Metropolitana estableció que no pueden hacer horas extras, en un intento de proteger al personal policial, porque son tareas que ya tienen un estrés adicional a otros tipos de trabajo. Pero quieren que nosotros le hagamos adicionales a ellos. Es un poquito, en fin, de avivada", había agregado.
El asunto no había llegado a ningún fin, la seguridad privada se mantuvo y se caratuló al conflicto como un intento de denostar al gobierno porteño antes de que comenzara la campaña electoral por las elecciones 2011.
Ahora bien, 8 meses después, ¿acaso la Policía Metropolitana no tiene efectivos para custodiar estas dependencias? Desde su puesta en función (5 de febrero de 2010) hasta el 2011, habían entrenado y/o contratado a 2000 agentes, por lo que se puede suponer que han incrementado la cantidad de oficiales con la que cuentan.
Es más, el lanzamiento de la Metropolitana fue retrasado porque el Gobierno porteño tenía una deuda de 36 millones de pesos con la Policía Federal, a la cual le habían pedido 1700 agentes para custodiar las dependencias públicas (es decir, asumían la responsabilidad de la custodia, pero al no contar con oficiales antes del 2010, utilizaban policías federales).
Entonces, hoy en día, ¿puede la Policía Metropolitana custodiar, al menos, los hospitales? Se trata de la salud, uno de los servicios primordiales en una gestión, y no se encuentra garantizada de manera evidente. ¿Pueden dejar 50 oficiales custodiando la peatonal Florida y enviar 100 a vigilar, aunque sea, los centros de salud que se encuentran en zonas de riesgo?
Los tiempos de elecciones ya pasaron, no es tiempo de chicanas políticas. El Gobierno porteño debe asumir que su fuerza de seguridad fue creada para estos fines, y a partir de ahí trabajar con la Nación para poder realmente dar un servicio esencial a la población. Pasó un año, las cosas cambiaron, pero los problemas no...
18 de enero de 2012
Y, al final, el ajuste no sirvió para nada
En el día de ayer, nos enteramos de una noticia que será grave para la economía global y la local: la agencia Fitch indicaba que Grecia no podría cumplir sus compromisos financieros para marzo, por lo que entraría en default.
El tema nos toca de forma evidente: una crisis global solo conduce al deterioro económico de todos los países, pero a lo que me voy a referir es, más bien, a cómo esto fue tan solo una consecuencia anunciada desde hace tiempo.
Es curioso que Fitch, como otras calificadoras de riesgo, rechazaran la intervención de
Es decir, estas agencias parecen oponerse a cualquier tipo de remedio para las economías endeudadas, y encima ahora vienen a decir que, de todos modos, Grecia entrará en default. Ahora, ¿cómo no previnieron esto hace años? ¿La deuda griega se redujo y, de todos modos entrarán en default? ¿Y si no hubiera habido quita voluntaria de deuda?
Este “chistesito” (pues reír es lo único que queda ante estas circunstancias) termina por demostrar que, en verdad, la solución al asunto era siempre rehusarse a pagar. El argumento en contra de esta medida era que, si en 2008 Grecia, España e Irlanda entraban en default, habría crisis global. Pero yo me pregunto, ¿entonces lo del 2008, 2009 y 2011 qué fue? ¿El otoño de la economía?
Europa tiene más de 20 millones de desempleados, la ayuda estatal se ve recortada por los constantes ajustes y parece que los que ganan, al final, siguen siendo los mismos. No se discute quitar intereses a la deuda, no se discute un plan de reactivación económica. Lo único de lo que se habla es de cómo se recorta el presupuesto para que el dinero de los griegos, españoles, italianos e irlandeses vayan a los bancos de Francia y Alemania.
Es inclusive más ofensivo enterarse de la letra chica que algunos de los rescates a Grecia tenían: no solo instaban al país a ajustar para recibirlos, sino que los forzaban a hacer compras ridículas, como destinar millones de euros a aviones militares hechos en Alemania.
Es sorprendente el nivel de colonialismo económico al que se ha llegado en Europa, y que ahora sus viejos aliados (las calificadoras de riesgo que tanto ruido hicieron por el default argentino y las renegociaciones de deuda de los últimos 8 años) se vuelvan en su contra, demostrando que la única solución estuvo siempre en frente suyo.
Ante esto pregunto, cómo un pueblo tan culto (presuntamente, a partir ahora habrá que poner comillas a todo se ve) pueda ser tan políticamente necio. En Italia aplauden que el nuevo Primer Minstro, el tecnócrata Mario Monti, haya renunciado a su sueldo. Pero nada dicen al ver que, al mismo tiempo, llena su gabinete de banqueros y magnates financieros que son los que más ventaja toman de esta situación.
Para ponerlo bien claro: ¿quién se creen que compra los servicios que los estados privatizan? ¿Quiénes son los inversores par excellence si no son los corredores de bolsa y los banqueros, las personas que aún tienen dinero? Capaz debería reformular mi título y poner “sirvió a las personas que se benefician con los ajustes, pues reciben el dinero que se recorta a través de los bonos y las deudas de los países en crisis”.
Italia ha privatizado hasta las visitas guiadas del Coliseo, pero por lo menos su Primer Ministro no cobra un sueldo de 60 mil euros al mes. ¡Ey! ¡Ya los veo saliendo del momento difícil, ragazzi!
Esta inocencia política la vemos presente también en España, donde, por algún motivo, el pueblo pensó que la derecha (representada por el Partido Popular, de Mariano Rajoy) iba a ajustar menos que el “socialismo” del PSOE (!!!!). También en el movimiento de indignados, que bien ha servido para alzar la conciencia sobre los problemas de la juventud y las consecuencias de los recortes presupuestarios, pero no se ha canalizado en ningún tipo de propuesta política que, al menos, pida que se tomen distintas medidas.
Los reclamos siguen siendo reducir los costos de la política, ajustar otras cosas, pero seguir ajustando. ¿De dónde saldrá el gobierno que se de cuenta que el gasto público es, en verdad, una fuertísima inversión económica, que es insertar dinero en los mercados moribundos que generan más desempleo? ¿De dónde saldrá el gobierno que indique que, si no hay dinero, es el sector privado el que tiene que aportar, por un motivo ideológico o, si piensa distinto, por su propio bienestar económico?
Resulta, entonces, que los ajustes no sirvieron para nada, que el default bien puede ser una realidad y que no proviene de una conciencia de lucha, sino de una circunstancia financiera. Cómo evolucionará la situación, no lo sabemos, pero esperemos que traiga un poco de luz en el oscurantismo económico que hoy recorre Europa.
2 de noviembre de 2011
La inflación y la restricción interna
Hay un problema que, para muchas economías latinoamericanas, ha resurgido como una de las causas que impiden y truncan su desarrollo industrial. Ya no es más la restricción externa la verdadera causa de que existan sectores estrangulados en la economía latinoamericana y más precisamente Argentina, aquella que nacía directamente de su incapacidad de obtener excedentes de divisas, sino que el impedimento que obliga a tener niveles constantes de inflación en aumento y que a la larga estanca a la economía, surge dentro mismo de la estructura productiva de la región. Llamamos a eso restricción interna y lo compararemos con la externa, tratando luego de esbozar algunas salidas posibles y un futuro indeterminado pero imaginable para la coyuntura político-económica actual.
Primero, ¿Qué es la restricción externa? A grandes rasgos, se trata de una problemática que surgió a partir del desarrollismo iniciado entre los años ’50-’70, que culmina con la noción de “progreso” relacionada a la inserción en un comercio internacional sin barreras propuesta por Martínez de Hoz. El desarrollismo plantea que el intercambio en términos de centro-periferia contribuye al distanciamiento y al aumento de la brecha diferencial entre países desarrollados y subdesarrollados; bajo relaciones de comercio librecambistas con países agroexportadores y otros industriales, el subdesarrollo de la periferia es consecuencia del desarrollo del centro. Entonces, gobiernos motivados por esta concepción impulsaron procesos de industrialización creciente en la región, pero empezaron a encontrarse con el problema que exponemos. Para industrializar el país era necesario obtener maquinarias e insumos industriales que solo se producían en las potencias centrales desarrolladas, dígase EE.UU. y Europa en general. Para comerciar con el resto del mundo se necesitaba obtener divisas en términos comerciales (al igual que hoy en día), es decir sostener un determinado superávit comercial (balance favorable a la Argentina en la balanza comercial, saldo entre importaciones y exportaciones) que permita sustentar los ingresos de los insumos necesarios para la industrialización. Pero ello no se dio, el superávit comercial pocas veces se sostuvo. La salida a esto fue atraer la inversión de capitales extranjeros y endeudarse para sostener el proceso. De esta forma se empezó a armar la bola de nieve que fue creciendo y que hoy conocemos como deuda externa. La incapacidad de la Argentina para obtener divisas contribuyó a un proceso de industrialización más lento, que fue borrado de la agenda política por las dictaduras de turno y luego de las democracias de turno, hasta su colapso en el 2001.
Pero con el nuevo milenio post crisis, volvió a aparecer la industrialización y el comercio de productos manufacturados, sean algunos tecnológicos (Argentina es uno de los principales exportadores de software) o de industria pesada (autos ensamblados que se venden a Brasil). En gran parte, la llegada de insumos y, por ejemplo, autopartes, se sustenta con el comercio de la soja, que goza de buena salud en cuanto a su precio y el superávit comercial lo demuestra. Esto sumado a una política de desendeudamiento nos hace creer que solucionado el problema de la restricción externa, podremos encaminarnos a una etapa de crecimiento indefinido e ilimitado. Pero otra vez surgen complicaciones, ahora dentro de nuestro propio país.
Reproducimos, porque no es una idea nuestra, el concepto de la restricción interna. ¿Qué significa que existan aspectos que limitan el desarrollo dentro de nuestro país? Nos referimos a lo que es una consecuencia del crecimiento económico elevado, a tasas chinas dirían algunos, en los últimos años. Cuando comienza a subir la demanda de un país, en concordancia con una oferta que comienza a recibir inversiones importantes, como por ejemplo las PyMes que sostienen un nivel de empleo alto, la economía comienza a llegar a lo que se denomina “cuellos de botella”. A medida que las industrias exigen más insumos y contratan más personal, también requieren mayores gastos en costos fijos, como por ejemplo la energía o la infraestructura de transportes. En el caso de la Argentina, estos dos sectores nombrados están “estrangulados”, es decir su oferta es incapaz de suplir una demanda creciente. Como dicen las leyes de la demanda y la oferta, con el objetivo de que no se produzca escasez, cuando una oferta es menor a la demanda, los precios suben. Pero hay un problema con estos sectores y es que ambos integran la categoría de bienes “inelásticos”, es decir, bienes que presentan una demanda relativamente insensible frente a cambios en los precios; si suben sus precios, su demanda no caerá tanto. Es esta, hoy en día, la real causa de la inflación, porque cada vez los costos de sostener una industria son mayores ya que los recursos energéticos deben ser importados (que son más caros que producirlos acá) y ello se traslada a los precios de mercado de los productos ofrecidos. Es también la causa de que el gasto público en subsidios a la energía se haya incrementado para no afectar el consumo y la producción, sosteniendo el nivel de demanda y empleo. Sin embargo, no sabemos a qué se debe la carencia de oferta, si a empresarios especuladores con los precios de su industria o si a la falta de inversión, pero eso no quita que todos suframos sus consecuencias.
Hemos visto que superada la restricción externa, queda solucionar la restricción interna que hoy nos provoca niveles de inflación crecientes y que afecta directamente al poder adquisitivo de las clases bajas y medias-bajas. ¿Cómo podría solucionarse tal problema? Concretamente no podemos decir nada seguro, pero podemos esbozar algunas respuestas. En principio los esfuerzos económicos del gasto público deberán ser dirigidos a aumentar la oferta de los sectores estrangulados, pero esto nos presenta un doble problema: si el gasto público sigue en aumento la inflación nunca se reduciría y entonces ¿Cómo hacer para aumentar la oferta sin que aumente la inflación? Podríamos decir que resignando capacidad de consumo en los sectores con mayor propensión al ahorro, esto es, congelar los subsidios en familias pudientes. Otra opción es también quitarlos a empresas multinacionales. Esto no significa reducir el gasto público, sino redistribuirlo.
La estrategia empieza a dar sus primeros pasos hace pocas horas, luego de que el Gobierno Nacional haya decidido quitar en un 100% los subsidios a empresas de hidrocarburos, mineras, juegos de azar, telefonía móvil, entre otras sin que ello afecte el precio de lo ofertado. Así el ministro de Economía y reciente vicepresidente electo aseguró que “se empezará por las empresas y no por las familias”. Para aumentar la oferta del sector quitando los subsidios podrá fomentarse la llegada de inversión externa en ese sector, principalmente en energía, ya que la infraestructura de transporte es cuestión de estado. Así, por ahora el consumo se mantendría aunque quedará esperar a ver si se solucionan los problemas por estrangulamiento, según de qué manera se redistribuya el gasto público.
Hemos tratado de elaborar algunas conceptualizaciones que hoy explican las causas de la inflación y quizás también de que magantes industriales que se ven forzados a aumentar los precios de su producción, recibiendo ingresos cada vez menores, prefieran dolarizar sus proyectos de inversión y transformarlos en ahorros, lo cual contribuye a presionar el tipo de cambio y obliga al Banco Central a intervenir para no perjudicar a los productores que importan insumos en esa divisa. La redistribución comienza a verse, pero aún queda por analizar si ello motiva avances en política desinflacionaria o no.
27 de octubre de 2011
La vida de un hombre para entender un proyecto
20 de octubre de 2011
El decadente fin de la Coalición Cívica llega un punto cúlmine
11 de octubre de 2011
¿Qué son la izquierda y la derecha?
Tanto la izquierda como la derecha han sufrido variaciones históricas, cada época impone su propia concepción acerca de lo que cada término engloba y no son conceptos que se puedan aislar y discutir fuera un contexto económico, político, social e internacional particular. Ambos son conceptos históricamente modificables y que a su vez representan las ideologías predominantes de una época, principales disputas que se dan en el espectro político pero que también luchan por ocupar y asumir un lugar en el sentido común, buscan tener arraigo en la sociedad en su conjunto, de modo tal que esta legitime su accionar. Haremos un repaso de algunas principales luchas que se han dado y que han embebido a la historia de la derecha y la izquierda, para finalmente darnos cuenta de que no podemos hablar de ellas sin tener en cuenta el mundo real en el que vivimos.
Ambos conceptos surgen en la época de la Revolución Francesa, allá por el siglo XVIII, cuando el modelo feudal daba señales de decadencia y cuando la monarquía absoluta, que sin embargo nunca llegó a ser tal, se encontraba con problemas para financiar el creciente gasto del aparato que dominaba. La burguesía, habitante de los “burgos”, las ciudades de la Edad Media, había ya empezado a desarrollar las bases del capitalismo industrial, el mercantilismo y los negocios en ultramar, que fueron la base del desarrollo industrial ulterior. Es así, que en las reiteradas asambleas organizadas por los revolucionarios franceses, en donde se hablaba de conservadores y transformadores, aparecían por primera vez la derecha y la izquierda. Sin embargo, su nacimiento estaba tan relacionado a una forma de pensar particular como a la posición que cada grupo ocupó en las asambleas constituyentes convocadas por el propio Luis XVI. Los que pretendían abolir la monarquía, los liberales políticos clásicos, miembros de la burguesía, se sentaron a la izquierda, mientras que los que pretendían continuar con el orden vigente, el clero y los nobles, se sentaron a la derecha. La idea de la izquierda relacionada a la transformación del orden y la derecha a su conservación aún permanece en nuestros días, pese a que los representantes de cada sector ya no son los mismos.
De esta forma y a medida que se consolido el nuevo régimen industrial, la burguesía dejo de ser la izquierda y paso a ser la derecha. La influencia del marxismo le dio un nuevo significado a las luchas de clases; ahora los que trataban de conservar el orden y su jugosa plusvalía eran los burgueses dueños de los medios de producción, mientras que los que luchaban por la transformación del orden eran los trabajadores agrupados en partidos radicales.
Ya en 1917 con la Revolución Rusa, la izquierda cobró un nuevo impulso y pasó a ser una real amenaza para las potencias capitalistas como lo eran en ese momento Francia, Inglaterra y Alemania. Pero en 1929, la crisis internacional afectó a todos los países, excepto a la URSS, y las salidas fueron variadas. Llegaron desde el extremismo de derecha, con la expansión del fascismo a las soluciones conciliadoras entre estado, mercado y democracia como fue el keynesianismo. Este último es uno de los que quiero rescatar, por la significación que conlleva y que hoy encuentra relación en nuestra época. En su momento, el keynesianismo, podríamos decir, fue la “salida de derecha” a la crisis internacional, frente a grupos que cada vez se volvían más combativos y radicales en cuanto a sus ideales de transformación social y económica. Keynes había logrado proponer una solución capitalista a la crisis mediante una fuerte intervención estatal para restablecer la competencia y el mecanismo de mercado con la plena utilización de los factores productivos, esto es, la existencia del pleno empleo. Él mismo, en el último capítulo de su “Teoría General sobre la ocupación, el interés y el dinero”, afirma que “no es la propiedad de los medios de producción la que conviene al estado asumir” y agrega “por mi parte creo que hay justificación social y psicológica de grandes desigualdades en los ingresos y la riqueza, pero no para tan grandes disparidades como existen en la actualidad” haciendo alusión al nivel de desempleo existente en los años ’30. Lo que significó el nuevo orden instaurado por el keynesianismo fue la abolición, luego de superada la crisis con éxitos considerables, de todo intento de toma del poder político para transformar la estructura económica y ordenarla bajo relaciones comunistas, o por lo menos en la versión soviética del comunismo, un “socialismo de bienestar”, según Kruschov. Un trabajador con necesidades básicas satisfechas, una amplia gama de servicios sociales asegurados y la existencia de mejoras materiales en su ámbito privado resigna, a costa de sostener todo ello, la Revolución. Este fue el problema de la izquierda en los “30 gloriosos años del capitalismo” que van desde los años ’40 a los ’70, concluyendo con la crisis del petróleo.
Pero fue a partir de la decisión de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar el precio del barril de US$ 2 a US$ 10, que las ideas keynesianas entraron en decadencia, así como su sistema, dando lugar a un resurgimiento del pensamiento liberal clásico y neoclásico con algunas reformulaciones tanto en su parte económica como en sus aspectos filosóficos. La salida a tal crisis fue, nuevamente, una salida capitalista, pero no ya bajo la doctrina keynesiana, sino bajo esta nueva reformulación que es hoy conocida como Neoliberalismo, con Friedman, Hayek y los “Chicago Boys” como máximos exponentes; en Argentina estaríamos hablando de Alsogaray o Cavallo como los representantes de su escuela. De esta forma, la izquierda nuevamente reflotó sus reclamos, esta vez sí cooptando grandes masas desposeídas en contradicción con un mundo de riquezas, como dijo alguna vez Marx, pero la coerción fue el principal método utilizado para callarlas. No tiene sentido volver a describir las dictaduras en Latinoamérica, que son un buen ejemplo de ello, pero si vale la pena mencionarlas. La derecha, conservadora del orden existente, había triunfado una vez más y pasaría a ser hegemónica.
Ya a finales de la década del ’90, la URSS se desintegró y la izquierda quedo mortificada frente a la opinión pública; toda referencia a la intervención estatal en materia económica causaba estupor, por no decir odio o bronca. Pero, desde la experiencia latinoamericana, muchos países se empezaron a dar cuenta que el nuevo orden era otro proceso de acumulación parecido al proceso originario, es decir, América Latina seguía contribuyendo con su subdesarrollo al desarrollo internacional, favoreciendo y agigantando la competencia imperfecta. Y así llegamos al hoy en día, en donde estos países luchan por cerrar las páginas de un libro lleno de tragedias, pero que ha contribuido a transformar la concepción de la izquierda y la derecha una vez más.
Si antes la derecha fue Keynes, hoy en día es el neoliberalismo. Las ideas del autor inglés, que impulsan un “control político de la vida económica” a través del gasto público, las tasas de interés en su punto óptimo y la redistribución de la renta, devenida del sistema tributario, desde los sectores con mayor propensión al ahorro hacia aquellos con mayor propensión al consumo para mantener a la demanda agregada estimulada y disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres se han convertido en parte de las luchas de la centro-izquierda, porque la izquierda radical aún sigue existiendo pese a que no tenga arraigo en grandes sectores de la sociedad. Las luchas por el pleno empleo, a costas de sostener el mecanismo del mercado, es hoy una propuesta de los partidos de centro-izquierda, reconocidos con las socialdemocracias posteriores a la Segunda Guerra Mundial, es decir, ubicadas en un reformismo que opera dentro de relaciones económicas capitalistas.
La salida que alguna vez fue de derecha, hoy se ha convertido en la centro-izquierda. Las clases altas en el día de hoy, que podrían englobarse en un sentido burlesco bajo el concepto de burguesía, que alguna vez fue de izquierda, se reconocen con la filosofía neoliberal, aunque no sepan mucho de sus implicancias económicas para nuestra región o quizás hayan olvidado la historia.
Burguesía contra monarquía, socialismo contra keynesianismo y keynesianismo contra neoliberalismo, son algunas de las comparaciones que nos permiten mostrar cómo fueron variando la izquierda y la derecha en su historia.
Ambas han luchado históricamente por instaurar su hegemonía en el “pensamiento cotidiano”, aunque cada situación particular muestra un nivel de adhesión a alguna de estas dos posturas o, muchas veces, simplemente muestra su confusión. Para entender esto último, será necesaria otra editorial. Por ahora nos conformamos con entender la volatilidad de los términos que estamos discutiendo y que no podemos desligar las concepciones que hoy brotan del tejido social con la historia de su desarrollo, porque todo pensamiento es ideología y todo ser, según Althusser, un “animal ideológico”. La disputa entre la transformación y la conservación sigue presente, con otras caras, pero con la misma fuerza.
29 de septiembre de 2011
Problemas en Democracia, soluciones en Democracia
“Si en oposición a la indiferencia cotidiana nace este proyecto, nos hacemos cargo del compromiso que conlleva” decíamos hace un par de meses, y no nos pensamos retractar en tan poco tiempo. La problemática de hoy, y quizás como algunas de los días que nos siguen, merece una importancia trascendental y un tratamiento que sea delicado, algo similar a jugar con fuego. En fin y al cabo, eso hacemos los que trabajamos con ideas, representaciones e imaginarios.
Analizaremos una cuestión esencial que surge, y más que nunca, en este último tiempo, como un factor no de desestabilización, pero sí de crítica injusta a un sistema político que constantemente nos da frutos, pese a que no los sepamos recoger. Nos gustaría para ejemplificar nuestra argumentación establecer un orden de trabajo. Definiremos lo que creemos como Libertad y Democracia, para luego establecer una analogía que a medida que sigan la lectura, irán dando cuenta hacia dónde se dirige.
“La libertad interior se traduce en falta de libertad exterior. El lugar del alma se utiliza para disculpar la miseria” decía Herbert Marcusse, en “Acerca del carácter afirmativo de la cultura”, tratando de ver cómo, a través de la justificación de que todos somos libres, no nos damos cuenta que elegimos todo menos las condiciones materiales en las cuales nacemos y que condicionan nuestro desarrollo ulterior. Estas condiciones, por más que nos los quieran negar, se aparecen independientes de nuestra voluntad. Los “fundamentalistas del libre mercado”, como llama Stiglitz a los neoliberales, creen que toda intervención supraindividual en materia de decisión económica de los individuos conduce inevitablemente a la servidumbre (tesis principal de Hayek en “Camino a la servidumbre”). Sin embargo y al juicio de este escritor, la libertad significa posibilidad de elegir, que la libertad interior garantizada se traduzca también en libertad exterior”. Si es necesario que exista un intervencionismo regulador para brindar mejores condiciones al conjunto social, es decir, si se asegura a la población la posibilidad de elegir qué hacer con sus vidas, entonces la libertad estará garantizada. Si se pregonan las libertades económicas, y entonces ello no beneficia al conjunto o limita el desarrollo de una parte de él, la existencia real de las libertades será una deuda del pensamiento humano.
El segundo tópico es la Democracia, este sistema político que se pone en duda por el sentido común cuando se observa cualquier tipo de situación que involucre a la conflictividad social. Con esto me refiero al pedido constante por derechos humanos únicamente para los “buenos” y la demencia de decir “desaparecidos en democracia” para referirse a las víctimas de trata o secuestros. Para nosotros, la democracia, entendida más allá de su concepción iniciada por el liberalismo político, implica la extensión de derechos tanto individuales como sociales al grueso social. Entre estos derechos se encuentran los de pugnar por una vida más digna e influir en las decisiones del poder, que muchas veces se desentiende de sus reclamos. Pero argumentar que los problemas de la democracia no existirían con otro sistema es una ridiculez; lo único que sucedería es que no los veríamos o quizás algo peor, creeríamos que nos podemos salvar solos siendo los sujetos que Sábato llamo “átomo-capsula” aquellos que como átomos se refugian en la capsula de su vida privada, y la vida privada de otras personas, restándole importancia a su vida pública, esencial para lo que Gandhi llamó la “educación del corazón”, relacionada a profundos valores de paz y solidaridad con el otro.
De esta forma llegamos a lo central en nuestra argumentación y para eso partiremos de una metáfora que nos permita ejemplificarla. La democracia y su relación con la sociedad se asemeja a la relación que una madre tiene con su hijo adolescente, mientras que la relación entre una dictadura y la sociedad representa la etapa en la cual el hijo es todavía un joven que da sus primeros pasos en este mundo y la madre es su tutora.
No es algo casual que suceda de esta forma. Un niño de seis años es guiado y tutorado por su madre. Su libertad es nula; todas sus decisiones dependen de un poder que lo excede y bajo el cual se encuentra sometido. No es solo un poder coercitivo, como lo puede ser un castigo físico, sino que es un poder que ya Gramsci, en sus “Cuadernos de la cárcel”, había definido y que refiere a un consentimiento frente al sometimiento, a una auto-identificación de la persona con ese poder, lugar del cual deviene su legitimación y que recibe el nombre de hegemonía. El niño no discute, acata. Tampoco participa de las decisiones parentales; ni siquiera es un órgano consultivo. Y la rebeldía se paga con la disciplina, el adoctrinamiento, frente a lo cual sus defensas son escasas, contribuyendo a la larga al acostumbramiento, a la aceptación de esa dominación bajo la cual vive. Podemos dar por sentado de esta cadena lógica, que la conflictividad entre la Madre y su Hijo es poca, y aquella que surge es rápidamente opacada por las fuerzas que modelan al niño y que se idealizan en el pensamiento predominante y dominante; los límites son el aniquilamiento de cualquier tipo de desviación que amenace la hegemonía.
Podemos ver reflejado, como el rol de la Dictadura ha contribuido a moderar y opacar la conflictividad social. No es que no existiera, es que los disidentes eran castigados con algo peor que ir al rincón; sufrían la destrucción material de su cuerpo, portador de sus ideales. Los que aún tenían el coraje de tener libros en sus casas y pensar diferente a lo hegemónico, sentían una presión ya descripta por Weber en “La política como vocación”, la presión de la responsabilidad frente a la ética. Si era necesario quemar mis ideales, materializados en mis libros o agendas, para salvar a mi familia, entonces estaba haciendo lo correcto. Bajo esas circunstancias no se vive, se sobrevive. A la larga, la parsimonia predominó y reprodujimos un orden impuesto, con el que inclusive, muchos estuvieron de acuerdo y aún lo siguen estando. Quizás porque nunca dejaron de ser niños de seis años.
Pero el niño creció, salió de la pasividad en la cual se había sumido y decidió enfrentar a su Madre. Llegó la adolescencia y crecieron los problemas entre ellos, porque la libertad le permitió tomar decisiones sobre su vida, sobre sus estudios, sobre las problemáticas familiares y en tantos otros aspectos que se puedan imaginar. Muchas de esas decisiones desafiaban la hegemonía de la Madre, que aún con sus costumbres restrictivas, pretendía poner bajo su manto al hijo ya crecido. Sin embargo, este comprendió que la legitimidad de su dominación devenía de su identificación con el pensamiento materno; cuando esto se rompió, entonces también se rompieron las cadenas que lo esclavizaban a una vida de dependencia y el bozal que le impedía hablar por sí mismo. Las luchas diarias se vuelven constantes y las discusiones en las cenas eternas e irresolubles. La rebeldía es una característica del pedido constante por mayor libertad y una consecuencia de la amplitud y la extensión de los derechos adquiridos a través de ella. La influencia materna deja de ser tan determinante; en este sentido, pasa a un segundo plano y el pensamiento propio surge como la respuesta a la sumisión. El castigo físico no es ya una vía posible, porque como bien diría algún que otro teórico que ya nombramos “la violencia no es una demostración de fuerza, sino de debilidad”. Cuánto más se castigue, menor será la legitimidad que el poder obtenga de quién desea que sea su sometido y mayor resistencia encontrará para lograr su sometimiento, radicalizando la diferencia y rompiendo definitivamente la auto-identificación con el pensamiento dominante.
De esta forma concluimos que es por esta razón que la Democracia suscita nuevas problemáticas y discusiones que deben ser otorgadas y garantizadas. La Democracia permite no solo la extensión de los derechos, suprimidos durante la Dictadura (infancia), sino también un ámbito de Libertad bajo el cual exigir modificaciones en las condiciones materiales en la cual se desenvuelve la vida de los hombres, para que tal libertad de exigir se transforme también en libertad de elegir, para la persona, sus hijos, sus nietos y todos sus descendientes.
Es cierto que desde que retornamos a la democracia los problemas son mayores en cuanto a conflictividad social (representada por la rebeldía adolescente frente a la Madre) pero es la consecuencia de gozar de mayor libertad para reclamar derechos postergados y suprimidos durante la Dictadura (representada por la sumisión al pensamiento materno y el castigo frente a su cuestionamiento); aquellos silenciados con el sonido de las picanas eléctricas y los motores de los Falcon verdes que recorrían las calles, que cumpliendo con las órdenes dictadas por sus superiores, lograron hacerle honor a la frase que reconoce la “obediencia antes que la conciencia”, que se hizo famosa en los Juicios de Nurenberg, cuando Eichmann declaró "no perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, sólo podía decidirla un gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde de los subalternos".
Solo queda una última reflexión. No podemos delegar la culpabilidad de haber causado la conflictividad a la democracia, esto sería poco justo y además trataría de socavar las bases y destruir las firmes columnas que la sustentan y que deberíamos tratar de afirmar cada día aún más. Es por esto que necesitamos que las libertades individuales como sociales se hagan presentes para construir un lugar en donde la conflictividad tenga respuestas de carácter integro y en donde, luego de un tiempo, podamos disfrutar los beneficios de su ejercicio. De nada sirve encolumnarse detrás del castigo y el adoctrinamiento ideológico porque eso sería esconder los problemas, los cuales tarde o temprano, se darán a conocer, con mucha más fuerza que antes. Así como la Madre otorga progresivamente más libertad y posibilidad de elegir a su hijo, la democracia deberá hacer lo mismo con la sociedad que la ejerce, porque los problemas de la democracia se resuelven en democracia. Es la única forma real de avanzar humanamente.
22 de septiembre de 2011
La era de las Alianzas y las Regiones: Hacia un mundo multipolar
En 1989, el Muro de Berlín se derrumbaba. Dos años más tarde,
Claro está, que en América Latina, tal proceso empezó mucho antes, allá por los años ‘70, como un intento de contener la “subversión”, la cual pondría en peligro la dominación e influencia del capitalismo en Occidente. En defensa de sus intereses, se cometieron los actos atroces y horrendos que todos conocemos. Y así llegamos al Siglo XXI, con una concentración de la riqueza en manos de unos pocos que se vuelven menos cuando se los compara contra el grueso de la población mundial.
Pero de a poco se va abriendo el espacio para una nueva era, a los ojos de estos redactores. Conviene antes, repasar la historia. El Mundo conoció, desde el inicio del capitalismo, allá por fines del Siglo XVIII y el Siglo XIX, la consolidación del capitalismo industrial, con un poderío ejercido desde tierras anglosajonas. Sin embargo, en octubre de 1917, Lenin, con su llegada al poder en Rusia, decidió instalar la “dictadura del proletariado” y ya en 1931, Stalin decía “si
En 1945, Las fuerzas nazis, ya derrotadas, dejaron a una Europa devastada; un escenario extremadamente benéfico tanto para
Por razones que exceden nuestra argumentación y que guardan una relación indirecta con ella,
Esto desencadeno en una fuerte profundización de lo que ya se conocía como neoliberalismo. Utilizando métodos de coerción y cooptación, los grandes sectores económicos aceptaron (por conveniencia) estas doctrinas y aplacaron a los pueblos latinoamericanos para sumergirlos en la peor explotación conocida en democracia.
Los efectos no tardaron en verse. Primero, el crecimiento de la deuda soberana, la pérdida de las identidades nacionales y regionales, el desempleo y la indigencia. Todo un coctel de desgracias que los latinoamericanos, en diferentes épocas, terminaron por rechazar. Las revoluciones bolivarianas en Venezuela, el levantamiento indígena en Bolivia, el Movimiento Sin Tierra en Brasil, el Cacerolazo y la rebelión popular del 2001 en Argentina son algunos de los ejemplos del vomito de ira que los pueblos tuvieron hacia sus dirigentes. Los habían vendido y traicionado y dijeron basta.
El problema que tenían estas naciones que (en la mayoría de los casos) por primera vez cambiaban de gobierno a uno que no respondía a intereses foráneos o a potencias económicas era el agobio constante de estos últimos. Se intentaron golpes de Estado, se fomentaron ataques desde sociedades internacionales (fundamentalmente el rol de la prensa), y todo esto fue visto, comprobado y rechazado por los pueblos.
A medida que se establecían más y con más fuerza este tipo de gobiernos, se comienza a gestar la idea de que solo unidos podrían no ser vulnerables a los ataques de todos estos sectores. De allí que nacerán, políticamente,
En términos económicos, la resistencia comienza desde el Mercosur (paralizado durante muchos años) y la cooperación sin mezquindad. Todo argumentando lo que vemos hoy: los que dominaron por más de 18 años el mundo, se vieron envueltos en una recesión que luego se transformó en una depresión de la cual aún están tratando de salir (Crisis del 2008) y que ha dado paso al surgimiento de economías con un futuro muy provechoso. En este contexto, han ido surgiendo nuevas potencias y regiones con propósitos en común, generalmente agrupadas en relaciones internacionales de comercio, como lo son, entre otras, el BRIC (Brasil, Rusia, India y China),
Esta visión deviene de la creciente relación entre países que comparten objetivos de industrialización e implementación de tecnologías, aumento de la calidad de vida de su población (salvando algunas diferencias, como más adelante explayaremos), disminución de la brecha entre los que más y menos tienen y reducción de los índices de pobreza y marginalidad. En este sentido, y vuelvo a repetir que no se da en todos los casos pero si en su mayoría, lo que proponen es brindar soluciones de carácter social a problemáticas arrastradas históricamente que han sido consecuencia de una intersección de factores innumerables, pero que quizás en otra editorial podamos explicar mejor.
Es así que pasamos a mostrar y describir algunos procesos iniciados por países emergentes que ya no solo están progresando y sembrando el camino hacia nuevas formas de concebir la relación entre capitalismo y justicia social, sino que están pujando por tener un lugar de importancia en las relaciones internacionales y en el futuro del desarrollo económico mundial. El camino será entonces, hacia un mundo multilateral o multipolar.
8 de septiembre de 2011
Dejemos de relatar el presente sin ver el pasado
La discusión de hoy toca temas relacionados a los medios de comunicación, pero también a un profundo análisis socio-económico e individual que es necesario replantear y cada vez con más fuerza. Me refiero, en primer lugar, a la incómoda presencia de métodos tanto conductistas como organicistas en los medios; conductistas en tanto pareciera, y cada vez más, que sus métodos de condicionamiento funcionan en base a los principios de recencia y repetición y organicistas en cuanto su tendencia a mostrarnos hechos aislados, no en el sentido de únicos, sino descontextualizados de cualquier tipo de explicación socio-económica e histórica posible. Finalmente, encontraremos la consecuencia de ello, en las palabras que recientemente pronunció Eugenio Zaffaroni.
Comenzaremos entonces por desglosar en la práctica algunas cuestiones relacionadas al organicismo, o como bien podría denominarse, en forma de burla trágica, “ORGANI-CINISMO”.
Esta tendencia filosófica, por mal que nos pese, ha quedado profundamente arraigada en el “Sentido Común”, que hoy empieza a ver su hegemonía resquebrajada, pero aún permanece latente. ¿Qué nos dice? A resumidas cuentas, el organicismo en Ciencias Sociales establece una comparación entre un organismo vivo, con sus órganos en perfecto funcionamiento y la sociedad. Comúnmente, en medicina, y a menos que me equivoque en mis dichos, cuando un órgano es disfuncional, es decir, atenta contra el normal funcionamiento del cuerpo, se suele extirparlo o, en su defecto, se intenta curarlo. Traslademos esto a la sociedad. Cuando alguien atenta de forma disfuncional a las reglas impuestas por la sociedad, es decir, comete algún tipo de delito, es necesario proceder con el “bisturí”; eliminar el problema o curarlo, que básicamente significa enviarlo a la cárcel, ya que es el remedio que la sociedad contemporánea encontró para un órgano disfuncional a ella.
La relación que encontramos con los medios de comunicación es bastante estrecha. Cotidianamente somos jueces de nuestra propia realidad cuando intentamos brindar juicios valorativos sobre situaciones “disfuncionales” a las leyes, como puede ser la exhibición de un asesinato o robo. Pero así como un detective se sumerge en la lógica criminal, el científico social debe ponerse en la lógica del ciudadano promedio. Podremos ver entonces como la presentación de un hecho de forma sincrónica (estática) hace reaccionar inmediatamente al sujeto, formando su opinión y su criterio para tratar las problemáticas sociales, que generalmente derivan en opiniones del tipo organicista. De esta forma, describiendo un hecho social como algo inmutable, se corre el riesgo de dejar de lado explicaciones socio-económicas e históricas, podríamos decir diacrónicas (en una evolución temporal). Por eso cuando los medios nos muestran un robo, nos ocultan la heterogeneidad de causas que puede haber detrás de él y nos hacen creer que la disfunción, y esto es lo más peligroso, es un producto del hoy, de la actual existencia y no de un proceso histórico particular y descriptible. “La disfunción debe pagar”, piensa el ciudadano, y después de haber descripto esto, no lo culpo.
Dirijámonos ahora hacia el siguiente tópico, el condicionamiento por repetición y recencia, método utilizado por Pávlov para hacer salivar a su famoso perro, ese mismo que le valió un Premio Nóbel.
Todos los días somos espectadores de una cruda realidad, que no pienso desmentir, pero tampoco dramatizar y mucho menos espectacularizar o generalizar. Sin embargo la repetición y la recencia son dos factores clave para condicionar nuestros sentimientos, si bien sabemos que la subjetividad humana es diversa y tampoco es cierto que los medios determinen en un cien por cien el modo en el que actuamos, pero es innegable que nuestra conducta se construye día a día y año a año.
En gran medida, y cada día más, dependemos de los medios para conocer la información, o la desinformación, si tenemos remanente algún sentido crítico. Por eso, el ciudadano, agotado luego de una jornada laboral, llega a su hogar y observa en su televisión aquellos noticieros llenos de muertes, robos y asesinatos. ¡Eureka! Hemos encontrado el principio conductista por excelencia, la REPETICIÓN. Pero aún nos falta discutir uno, que también está ligado a él y que le da definitivamente una importancia de categoría. Me estoy refiriendo a la RECENCIA, es decir a la aplicación constante de la repetición. Sin esté segundo método, el primero carecería de utilidad; de nada le sirve a un medio la repetición para aumentar la crítica sobre la inseguridad si esta ocurre con meses de distancia, por cuestiones que hacen al funcionamiento de la memoria y que no pienso explayar aquí.
¿Podríamos argumentar que si no existiesen mecanismos de recencia y repetición en cuanto a la exhibición de hechos delictivos, el reclamo constante por mayor seguridad se evaporaría? Probablemente no, pero de lo que estoy seguro es que nos permitiría pensar algún otro tipo de salida mejor no solo para el afectado, sino para la sociedad en su conjunto, sumado a la difusión de otras formas de concebir la realidad sin estar atado a una ideología que peca de organicista.
Pero finalmente nos queda una cuestión más, y que en cierta forma, muestra a lo que me refiero con los medios de comunicación y su impacto en la lógica del “Sentido Común”. Estoy haciendo alusión a los dichos del jurista que ha estado en medio de un escándalo internacional que aún no ha sido probado, pero cuya condición como profesional es innegable. Me refiero al Dr. Eugenio Zaffaroni, que brindó una conferencia para la Facultad de Periodismo y Ciencias de La Comunicación de La Plata, en el marco del Primer Congreso de Comunicación y Ciencias Sociales bajo el lema “Tensiones y Disputas para la Producción de Conocimiento para la Transformación” (ver nota).
Allí, y a grandes rasgos, sugirió que “se debe marchar hacia un estado social y no hacia un estado gendarme”, esto es, hacia un estado más inclusivo y menos discriminador antes que a un estado represor, o como diría Althusser, que utilice en forma desmedida los “Aparatos Represivos del Estado”.
También aseguró, por ejemplo, que en Estados Unidos el número de presos aumentó considerablemente, como así también el gasto del estado en el sistema carcelario, porque es un gran negocio tanto para las empresas privadas que administran el sistema como para el Estado (ver video sobre “Negocio de las cárceles”). De esta manera advirtió “hoy en día, Estados Unidos tiene diez millones de personas que viven del sistema penal” y agregó “El estado gendarme genera violencia y solo violencia”. A modo de ilustración, citamos como fuente el informe presentado por Daniel Fridman, investigador de la UBA, acerca de la evolución de la cantidad de presos y el gasto público en ese sector, para fortalecer nuestra argumentación (ver documento).
Pero no podíamos finalizar esta argumentación sin demostrar lo que reflexionamos sobre medios y sujetos-masa (para no decir masas y ejercer una acción generalizadora, porque nos estaríamos contradiciendo). Zaffaroni aseguró que “Hay que evitar que los medios nos lleven como los países centrales a una paranoia de inseguridad y nos cuentan los cadáveres pero no tenemos un estudio cualitativo de los delitos”. La finalidad, es en definitiva, conseguir un Estado Gendarme.
Por esta razón, y las descriptas anteriormente es que llamamos a que cada vez que veamos un hecho delictivo, pensemos y discutamos con nosotros mismos profundamente, sobre las causas que el mismo pudo tener, e inclusive a ser precavidos antes de emitir denuncias desmedidas cuando las situaciones carecen de la información necesaria para dar una opinión acabada y elaborada.
La decisión de realizar está reflexión es individual; su consecuencia, seguramente, tendrá un fuerte impacto social y la pregunta subyacente es ¿Qué queremos, un Estado Social o un Estado Gendarme?
PD: La reflexión no está dirigido a un caso particular, como todos saben y conocen, sino a una forma de ver el mundo preexistente a los medios, pero incorporada por ellos y en ellos.
6 de septiembre de 2011
Vuelve la falacia del ránking de universidades
Como todos los años, más o menos por ésta fecha, ciertos medios se esmeran en difundir una deformada imagen de la universidad pública. Hoy, vemos títulos que se basan en un ránking mercantil se utilizan para agredir a la UBA.
El estudio es el QS-Top Universities, y aparece un sitio con artículos que leen "los análisis basados en el mercado son vitales para elegir una facultad", por lo que no nos puede sorprender la meticulosa selección que se ha realizado.
En ella, Harvard y cientos de universidades privadas encabezando el ránking, mientras que la UBA está en el puesto 270. P0r supuesto, aquellas con un cupo ilimitado aparecen por debajo.
Las fotos que presentan las noticias que mediatizan esta calificación son de tomas de establecimientos. Claro, evidentemente son éstas el único hecho que merma la calidad educativa. Nada tiene que ver la falta de renovación en los planes de estudio (en la Facultad de Ciencias Económicas se sigue enseñando la visión neoliberal como la predominante) ni el hecho de que promediar miles de estudiantes evidentemente no dará las mejores notas.
Claro que lo que se pasa por alto (o, en verdad, se dice implícitamente) es que no tiene valor el hecho de que cualquiera pueda acceder a una educación universitaria. No vale que sea pública, valen las notas.
Sí, una facultad con cupo generaría que se concentren los mejores promedios, pero vemos en realidad que la cuestión no pasa por allí. Las universidades privadas de la Argentina no figuran en el ránking.
Como todo ésto no figura en el análisis de aire "objetivo" (y conociendo la tendencia ideológica de éstos medios), yo no puedo hacer más que ponerme a pensar que aquí no se quiere poner en tela de juicio la falta de titularidad en la UBA, ni tampoco los planes de estudio. Aquí se busca ir contra un sistema universitario, por generar una visión negativa de la participación política, y es algo que me avergüenza.
Has recorrido un duro tramo, muchacha
La Argentina siempre tuvo ataques de éste sentido, internos y externos. No nos vamos a olvidar cómo se atacó y, en menor medida, se sigue atacando la política económica proteccionista, reguladora e interventora del Estado. Tampoco como hoy en día en los países vanagloriados por éstos medios se ve a la Argentina como un modelo a seguir para escapar a la crisis.
Lo mismo pasa hoy con la educación. Cuántas veces me harté de escuchar que la educación chilena estaba mejor que aquí. Es esa educación para la cual los jóvenes se endeudan de por vida, contra la cual centenares de miles de personas se movilizan hoy en día, generándose polémica en todo el mundo. ¿No podría pasar algo similar cómo lo que sucedió con la crítica económica? ¿No estaremos haciendo las cosas muy bien?
No necesito que una consultora me diga la calidad que puedo encontrar en la UBA. Estudiantes de familias pudientes de toda Latinoamérica deciden ingresar para gozar de sus servicios. Por supuesto que se puede mejorar, pero se debe comenzar a valorar más lo que vemos, lo real, por sobre análisis de sitios de ránking mercantil.
No es necesario que difundan exactamente éstas palabras, que difundan la nota por mail, Facebook o Twitter, pero sí pido que se dé a conocer ésta idea en ámbitos a los que claramente no puedo alcanzar. La defensa de la educación pública no es porque sí, es porque es la principal vía hacia el desarrollo del país, seamos del color político que seamos. Saber que existen intereses contrapuestos en notas como éstas forma parte de esto.
