29 de septiembre de 2011

Problemas en Democracia, soluciones en Democracia

Si en oposición a la indiferencia cotidiana nace este proyecto, nos hacemos cargo del compromiso que conlleva” decíamos hace un par de meses, y no nos pensamos retractar en tan poco tiempo. La problemática de hoy, y quizás como algunas de los días que nos siguen, merece una importancia trascendental y un tratamiento que sea delicado, algo similar a jugar con fuego. En fin y al cabo, eso hacemos los que trabajamos con ideas, representaciones e imaginarios.

Analizaremos una cuestión esencial que surge, y más que nunca, en este último tiempo, como un factor no de desestabilización, pero sí de crítica injusta a un sistema político que constantemente nos da frutos, pese a que no los sepamos recoger. Nos gustaría para ejemplificar nuestra argumentación establecer un orden de trabajo. Definiremos lo que creemos como Libertad y Democracia, para luego establecer una analogía que a medida que sigan la lectura, irán dando cuenta hacia dónde se dirige.

La libertad interior se traduce en falta de libertad exterior. El lugar del alma se utiliza para disculpar la miseria” decía Herbert Marcusse, en “Acerca del carácter afirmativo de la cultura”, tratando de ver cómo, a través de la justificación de que todos somos libres, no nos damos cuenta que elegimos todo menos las condiciones materiales en las cuales nacemos y que condicionan nuestro desarrollo ulterior. Estas condiciones, por más que nos los quieran negar, se aparecen independientes de nuestra voluntad. Los “fundamentalistas del libre mercado”, como llama Stiglitz a los neoliberales, creen que toda intervención supraindividual en materia de decisión económica de los individuos conduce inevitablemente a la servidumbre (tesis principal de Hayek en “Camino a la servidumbre”). Sin embargo y al juicio de este escritor, la libertad significa posibilidad de elegir, que la libertad interior garantizada se traduzca también en libertad exterior”. Si es necesario que exista un intervencionismo regulador para brindar mejores condiciones al conjunto social, es decir, si se asegura a la población la posibilidad de elegir qué hacer con sus vidas, entonces la libertad estará garantizada. Si se pregonan las libertades económicas, y entonces ello no beneficia al conjunto o limita el desarrollo de una parte de él, la existencia real de las libertades será una deuda del pensamiento humano.

El segundo tópico es la Democracia, este sistema político que se pone en duda por el sentido común cuando se observa cualquier tipo de situación que involucre a la conflictividad social. Con esto me refiero al pedido constante por derechos humanos únicamente para los “buenos” y la demencia de decir “desaparecidos en democracia” para referirse a las víctimas de trata o secuestros. Para nosotros, la democracia, entendida más allá de su concepción iniciada por el liberalismo político, implica la extensión de derechos tanto individuales como sociales al grueso social. Entre estos derechos se encuentran los de pugnar por una vida más digna e influir en las decisiones del poder, que muchas veces se desentiende de sus reclamos. Pero argumentar que los problemas de la democracia no existirían con otro sistema es una ridiculez; lo único que sucedería es que no los veríamos o quizás algo peor, creeríamos que nos podemos salvar solos siendo los sujetos que Sábato llamo “átomo-capsula” aquellos que como átomos se refugian en la capsula de su vida privada, y la vida privada de otras personas, restándole importancia a su vida pública, esencial para lo que Gandhi llamó la “educación del corazón”, relacionada a profundos valores de paz y solidaridad con el otro.

De esta forma llegamos a lo central en nuestra argumentación y para eso partiremos de una metáfora que nos permita ejemplificarla. La democracia y su relación con la sociedad se asemeja a la relación que una madre tiene con su hijo adolescente, mientras que la relación entre una dictadura y la sociedad representa la etapa en la cual el hijo es todavía un joven que da sus primeros pasos en este mundo y la madre es su tutora.

No es algo casual que suceda de esta forma. Un niño de seis años es guiado y tutorado por su madre. Su libertad es nula; todas sus decisiones dependen de un poder que lo excede y bajo el cual se encuentra sometido. No es solo un poder coercitivo, como lo puede ser un castigo físico, sino que es un poder que ya Gramsci, en sus “Cuadernos de la cárcel”, había definido y que refiere a un consentimiento frente al sometimiento, a una auto-identificación de la persona con ese poder, lugar del cual deviene su legitimación y que recibe el nombre de hegemonía. El niño no discute, acata. Tampoco participa de las decisiones parentales; ni siquiera es un órgano consultivo. Y la rebeldía se paga con la disciplina, el adoctrinamiento, frente a lo cual sus defensas son escasas, contribuyendo a la larga al acostumbramiento, a la aceptación de esa dominación bajo la cual vive. Podemos dar por sentado de esta cadena lógica, que la conflictividad entre la Madre y su Hijo es poca, y aquella que surge es rápidamente opacada por las fuerzas que modelan al niño y que se idealizan en el pensamiento predominante y dominante; los límites son el aniquilamiento de cualquier tipo de desviación que amenace la hegemonía.

Podemos ver reflejado, como el rol de la Dictadura ha contribuido a moderar y opacar la conflictividad social. No es que no existiera, es que los disidentes eran castigados con algo peor que ir al rincón; sufrían la destrucción material de su cuerpo, portador de sus ideales. Los que aún tenían el coraje de tener libros en sus casas y pensar diferente a lo hegemónico, sentían una presión ya descripta por Weber en “La política como vocación”, la presión de la responsabilidad frente a la ética. Si era necesario quemar mis ideales, materializados en mis libros o agendas, para salvar a mi familia, entonces estaba haciendo lo correcto. Bajo esas circunstancias no se vive, se sobrevive. A la larga, la parsimonia predominó y reprodujimos un orden impuesto, con el que inclusive, muchos estuvieron de acuerdo y aún lo siguen estando. Quizás porque nunca dejaron de ser niños de seis años.

Pero el niño creció, salió de la pasividad en la cual se había sumido y decidió enfrentar a su Madre. Llegó la adolescencia y crecieron los problemas entre ellos, porque la libertad le permitió tomar decisiones sobre su vida, sobre sus estudios, sobre las problemáticas familiares y en tantos otros aspectos que se puedan imaginar. Muchas de esas decisiones desafiaban la hegemonía de la Madre, que aún con sus costumbres restrictivas, pretendía poner bajo su manto al hijo ya crecido. Sin embargo, este comprendió que la legitimidad de su dominación devenía de su identificación con el pensamiento materno; cuando esto se rompió, entonces también se rompieron las cadenas que lo esclavizaban a una vida de dependencia y el bozal que le impedía hablar por sí mismo. Las luchas diarias se vuelven constantes y las discusiones en las cenas eternas e irresolubles. La rebeldía es una característica del pedido constante por mayor libertad y una consecuencia de la amplitud y la extensión de los derechos adquiridos a través de ella. La influencia materna deja de ser tan determinante; en este sentido, pasa a un segundo plano y el pensamiento propio surge como la respuesta a la sumisión. El castigo físico no es ya una vía posible, porque como bien diría algún que otro teórico que ya nombramos “la violencia no es una demostración de fuerza, sino de debilidad”. Cuánto más se castigue, menor será la legitimidad que el poder obtenga de quién desea que sea su sometido y mayor resistencia encontrará para lograr su sometimiento, radicalizando la diferencia y rompiendo definitivamente la auto-identificación con el pensamiento dominante.

De esta forma concluimos que es por esta razón que la Democracia suscita nuevas problemáticas y discusiones que deben ser otorgadas y garantizadas. La Democracia permite no solo la extensión de los derechos, suprimidos durante la Dictadura (infancia), sino también un ámbito de Libertad bajo el cual exigir modificaciones en las condiciones materiales en la cual se desenvuelve la vida de los hombres, para que tal libertad de exigir se transforme también en libertad de elegir, para la persona, sus hijos, sus nietos y todos sus descendientes.

Es cierto que desde que retornamos a la democracia los problemas son mayores en cuanto a conflictividad social (representada por la rebeldía adolescente frente a la Madre) pero es la consecuencia de gozar de mayor libertad para reclamar derechos postergados y suprimidos durante la Dictadura (representada por la sumisión al pensamiento materno y el castigo frente a su cuestionamiento); aquellos silenciados con el sonido de las picanas eléctricas y los motores de los Falcon verdes que recorrían las calles, que cumpliendo con las órdenes dictadas por sus superiores, lograron hacerle honor a la frase que reconoce la “obediencia antes que la conciencia”, que se hizo famosa en los Juicios de Nurenberg, cuando Eichmann declaró "no perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, sólo podía decidirla un gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde de los subalternos".

Solo queda una última reflexión. No podemos delegar la culpabilidad de haber causado la conflictividad a la democracia, esto sería poco justo y además trataría de socavar las bases y destruir las firmes columnas que la sustentan y que deberíamos tratar de afirmar cada día aún más. Es por esto que necesitamos que las libertades individuales como sociales se hagan presentes para construir un lugar en donde la conflictividad tenga respuestas de carácter integro y en donde, luego de un tiempo, podamos disfrutar los beneficios de su ejercicio. De nada sirve encolumnarse detrás del castigo y el adoctrinamiento ideológico porque eso sería esconder los problemas, los cuales tarde o temprano, se darán a conocer, con mucha más fuerza que antes. Así como la Madre otorga progresivamente más libertad y posibilidad de elegir a su hijo, la democracia deberá hacer lo mismo con la sociedad que la ejerce, porque los problemas de la democracia se resuelven en democracia. Es la única forma real de avanzar humanamente.

22 de septiembre de 2011

La era de las Alianzas y las Regiones: Hacia un mundo multipolar

En 1989, el Muro de Berlín se derrumbaba. Dos años más tarde, la URSS dejaba de ser lo que había sido por 74 años: uno de los polos del mundo, hasta entonces, bipolar. Se consagró desde allí, la hegemonía del pensamiento estadounidense representado por la Escuela de Chicago y para América Latina, el Consenso de Washington. Un Mundo unilateral, organizado en entidades financieras internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), manejado por las potencias históricas (EE.UU. y Europa). Esto tuvo como consecuencia la sumisión económica y cultural a vastas regiones del mundo, llevándolas a una decadencia que todavía persiste y cuyas consecuencias aún padecemos y sufrimos.

Claro está, que en América Latina, tal proceso empezó mucho antes, allá por los años ‘70, como un intento de contener la “subversión”, la cual pondría en peligro la dominación e influencia del capitalismo en Occidente. En defensa de sus intereses, se cometieron los actos atroces y horrendos que todos conocemos. Y así llegamos al Siglo XXI, con una concentración de la riqueza en manos de unos pocos que se vuelven menos cuando se los compara contra el grueso de la población mundial.

Pero de a poco se va abriendo el espacio para una nueva era, a los ojos de estos redactores. Conviene antes, repasar la historia. El Mundo conoció, desde el inicio del capitalismo, allá por fines del Siglo XVIII y el Siglo XIX, la consolidación del capitalismo industrial, con un poderío ejercido desde tierras anglosajonas. Sin embargo, en octubre de 1917, Lenin, con su llegada al poder en Rusia, decidió instalar la “dictadura del proletariado” y ya en 1931, Stalin decía “si la URSS no se convierte en una potencia de aquí a diez años, Occidente intentará destruirla e implementar el capitalismo”. Diez años después, Hitler invadía Rusia en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial.

En 1945, Las fuerzas nazis, ya derrotadas, dejaron a una Europa devastada; un escenario extremadamente benéfico tanto para la URSS como para EE.UU., quienes se consagraron como las fuerzas más poderosas del Mundo conocido y explorado.

Por razones que exceden nuestra argumentación y que guardan una relación indirecta con ella, la URSS, como señalamos anteriormente, se desplomó y EE.UU. junto a una Europa reconstruida y a un Japón tecnológico, se convirtieron así en los nuevos líderes, aunque sin divergencia de intereses y por lo tanto siendo “un único líder ideológico, político, económico y cultural”.

Esto desencadeno en una fuerte profundización de lo que ya se conocía como neoliberalismo. Utilizando métodos de coerción y cooptación, los grandes sectores económicos aceptaron (por conveniencia) estas doctrinas y aplacaron a los pueblos latinoamericanos para sumergirlos en la peor explotación conocida en democracia.

Los efectos no tardaron en verse. Primero, el crecimiento de la deuda soberana, la pérdida de las identidades nacionales y regionales, el desempleo y la indigencia. Todo un coctel de desgracias que los latinoamericanos, en diferentes épocas, terminaron por rechazar. Las revoluciones bolivarianas en Venezuela, el levantamiento indígena en Bolivia, el Movimiento Sin Tierra en Brasil, el Cacerolazo y la rebelión popular del 2001 en Argentina son algunos de los ejemplos del vomito de ira que los pueblos tuvieron hacia sus dirigentes. Los habían vendido y traicionado y dijeron basta.

El problema que tenían estas naciones que (en la mayoría de los casos) por primera vez cambiaban de gobierno a uno que no respondía a intereses foráneos o a potencias económicas era el agobio constante de estos últimos. Se intentaron golpes de Estado, se fomentaron ataques desde sociedades internacionales (fundamentalmente el rol de la prensa), y todo esto fue visto, comprobado y rechazado por los pueblos.

A medida que se establecían más y con más fuerza este tipo de gobiernos, se comienza a gestar la idea de que solo unidos podrían no ser vulnerables a los ataques de todos estos sectores. De allí que nacerán, políticamente, la UNASUR, el BRIC, la ALBA, etc. A esto continuó una oposición cuya existencia es natural tras más de un siglo de explotación. Siguieron y siguen quienes abogan por recetas neoliberales, economías ortodoxas, represión a la organización social. Siempre con variados y novedosos métodos, pero esencialmente con la misma intención.

En términos económicos, la resistencia comienza desde el Mercosur (paralizado durante muchos años) y la cooperación sin mezquindad. Todo argumentando lo que vemos hoy: los que dominaron por más de 18 años el mundo, se vieron envueltos en una recesión que luego se transformó en una depresión de la cual aún están tratando de salir (Crisis del 2008) y que ha dado paso al surgimiento de economías con un futuro muy provechoso. En este contexto, han ido surgiendo nuevas potencias y regiones con propósitos en común, generalmente agrupadas en relaciones internacionales de comercio, como lo son, entre otras, el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), la UNASUR y el Banco del Sur (ambos formados por países de Latinoamérica). Se nos aparece frente a nuestros ojos y a menos que ocurra algo extremadamente catastrófico, la “Era de las alianzas y las regiones”.

Esta visión deviene de la creciente relación entre países que comparten objetivos de industrialización e implementación de tecnologías, aumento de la calidad de vida de su población (salvando algunas diferencias, como más adelante explayaremos), disminución de la brecha entre los que más y menos tienen y reducción de los índices de pobreza y marginalidad. En este sentido, y vuelvo a repetir que no se da en todos los casos pero si en su mayoría, lo que proponen es brindar soluciones de carácter social a problemáticas arrastradas históricamente que han sido consecuencia de una intersección de factores innumerables, pero que quizás en otra editorial podamos explicar mejor.

Es así que pasamos a mostrar y describir algunos procesos iniciados por países emergentes que ya no solo están progresando y sembrando el camino hacia nuevas formas de concebir la relación entre capitalismo y justicia social, sino que están pujando por tener un lugar de importancia en las relaciones internacionales y en el futuro del desarrollo económico mundial. El camino será entonces, hacia un mundo multilateral o multipolar.

8 de septiembre de 2011

Dejemos de relatar el presente sin ver el pasado

La discusión de hoy toca temas relacionados a los medios de comunicación, pero también a un profundo análisis socio-económico e individual que es necesario replantear y cada vez con más fuerza. Me refiero, en primer lugar, a la incómoda presencia de métodos tanto conductistas como organicistas en los medios; conductistas en tanto pareciera, y cada vez más, que sus métodos de condicionamiento funcionan en base a los principios de recencia y repetición y organicistas en cuanto su tendencia a mostrarnos hechos aislados, no en el sentido de únicos, sino descontextualizados de cualquier tipo de explicación socio-económica e histórica posible. Finalmente, encontraremos la consecuencia de ello, en las palabras que recientemente pronunció Eugenio Zaffaroni.

Comenzaremos entonces por desglosar en la práctica algunas cuestiones relacionadas al organicismo, o como bien podría denominarse, en forma de burla trágica, “ORGANI-CINISMO”.

Esta tendencia filosófica, por mal que nos pese, ha quedado profundamente arraigada en el “Sentido Común”, que hoy empieza a ver su hegemonía resquebrajada, pero aún permanece latente. ¿Qué nos dice? A resumidas cuentas, el organicismo en Ciencias Sociales establece una comparación entre un organismo vivo, con sus órganos en perfecto funcionamiento y la sociedad. Comúnmente, en medicina, y a menos que me equivoque en mis dichos, cuando un órgano es disfuncional, es decir, atenta contra el normal funcionamiento del cuerpo, se suele extirparlo o, en su defecto, se intenta curarlo. Traslademos esto a la sociedad. Cuando alguien atenta de forma disfuncional a las reglas impuestas por la sociedad, es decir, comete algún tipo de delito, es necesario proceder con el “bisturí”; eliminar el problema o curarlo, que básicamente significa enviarlo a la cárcel, ya que es el remedio que la sociedad contemporánea encontró para un órgano disfuncional a ella.

La relación que encontramos con los medios de comunicación es bastante estrecha. Cotidianamente somos jueces de nuestra propia realidad cuando intentamos brindar juicios valorativos sobre situaciones “disfuncionales” a las leyes, como puede ser la exhibición de un asesinato o robo. Pero así como un detective se sumerge en la lógica criminal, el científico social debe ponerse en la lógica del ciudadano promedio. Podremos ver entonces como la presentación de un hecho de forma sincrónica (estática) hace reaccionar inmediatamente al sujeto, formando su opinión y su criterio para tratar las problemáticas sociales, que generalmente derivan en opiniones del tipo organicista. De esta forma, describiendo un hecho social como algo inmutable, se corre el riesgo de dejar de lado explicaciones socio-económicas e históricas, podríamos decir diacrónicas (en una evolución temporal). Por eso cuando los medios nos muestran un robo, nos ocultan la heterogeneidad de causas que puede haber detrás de él y nos hacen creer que la disfunción, y esto es lo más peligroso, es un producto del hoy, de la actual existencia y no de un proceso histórico particular y descriptible. “La disfunción debe pagar”, piensa el ciudadano, y después de haber descripto esto, no lo culpo.

Dirijámonos ahora hacia el siguiente tópico, el condicionamiento por repetición y recencia, método utilizado por Pávlov para hacer salivar a su famoso perro, ese mismo que le valió un Premio Nóbel.

Todos los días somos espectadores de una cruda realidad, que no pienso desmentir, pero tampoco dramatizar y mucho menos espectacularizar o generalizar. Sin embargo la repetición y la recencia son dos factores clave para condicionar nuestros sentimientos, si bien sabemos que la subjetividad humana es diversa y tampoco es cierto que los medios determinen en un cien por cien el modo en el que actuamos, pero es innegable que nuestra conducta se construye día a día y año a año.

En gran medida, y cada día más, dependemos de los medios para conocer la información, o la desinformación, si tenemos remanente algún sentido crítico. Por eso, el ciudadano, agotado luego de una jornada laboral, llega a su hogar y observa en su televisión aquellos noticieros llenos de muertes, robos y asesinatos. ¡Eureka! Hemos encontrado el principio conductista por excelencia, la REPETICIÓN. Pero aún nos falta discutir uno, que también está ligado a él y que le da definitivamente una importancia de categoría. Me estoy refiriendo a la RECENCIA, es decir a la aplicación constante de la repetición. Sin esté segundo método, el primero carecería de utilidad; de nada le sirve a un medio la repetición para aumentar la crítica sobre la inseguridad si esta ocurre con meses de distancia, por cuestiones que hacen al funcionamiento de la memoria y que no pienso explayar aquí.

¿Podríamos argumentar que si no existiesen mecanismos de recencia y repetición en cuanto a la exhibición de hechos delictivos, el reclamo constante por mayor seguridad se evaporaría? Probablemente no, pero de lo que estoy seguro es que nos permitiría pensar algún otro tipo de salida mejor no solo para el afectado, sino para la sociedad en su conjunto, sumado a la difusión de otras formas de concebir la realidad sin estar atado a una ideología que peca de organicista.

Pero finalmente nos queda una cuestión más, y que en cierta forma, muestra a lo que me refiero con los medios de comunicación y su impacto en la lógica del “Sentido Común”. Estoy haciendo alusión a los dichos del jurista que ha estado en medio de un escándalo internacional que aún no ha sido probado, pero cuya condición como profesional es innegable. Me refiero al Dr. Eugenio Zaffaroni, que brindó una conferencia para la Facultad de Periodismo y Ciencias de La Comunicación de La Plata, en el marco del Primer Congreso de Comunicación y Ciencias Sociales bajo el lema “Tensiones y Disputas para la Producción de Conocimiento para la Transformación(ver nota).

Allí, y a grandes rasgos, sugirió que “se debe marchar hacia un estado social y no hacia un estado gendarme”, esto es, hacia un estado más inclusivo y menos discriminador antes que a un estado represor, o como diría Althusser, que utilice en forma desmedida los “Aparatos Represivos del Estado”.

También aseguró, por ejemplo, que en Estados Unidos el número de presos aumentó considerablemente, como así también el gasto del estado en el sistema carcelario, porque es un gran negocio tanto para las empresas privadas que administran el sistema como para el Estado (ver video sobre “Negocio de las cárceles”). De esta manera advirtió “hoy en día, Estados Unidos tiene diez millones de personas que viven del sistema penal” y agregó “El estado gendarme genera violencia y solo violencia”. A modo de ilustración, citamos como fuente el informe presentado por Daniel Fridman, investigador de la UBA, acerca de la evolución de la cantidad de presos y el gasto público en ese sector, para fortalecer nuestra argumentación (ver documento).

Pero no podíamos finalizar esta argumentación sin demostrar lo que reflexionamos sobre medios y sujetos-masa (para no decir masas y ejercer una acción generalizadora, porque nos estaríamos contradiciendo). Zaffaroni aseguró que “Hay que evitar que los medios nos lleven como los países centrales a una paranoia de inseguridad y nos cuentan los cadáveres pero no tenemos un estudio cualitativo de los delitos”. La finalidad, es en definitiva, conseguir un Estado Gendarme.

Por esta razón, y las descriptas anteriormente es que llamamos a que cada vez que veamos un hecho delictivo, pensemos y discutamos con nosotros mismos profundamente, sobre las causas que el mismo pudo tener, e inclusive a ser precavidos antes de emitir denuncias desmedidas cuando las situaciones carecen de la información necesaria para dar una opinión acabada y elaborada.

La decisión de realizar está reflexión es individual; su consecuencia, seguramente, tendrá un fuerte impacto social y la pregunta subyacente es ¿Qué queremos, un Estado Social o un Estado Gendarme?

PD: La reflexión no está dirigido a un caso particular, como todos saben y conocen, sino a una forma de ver el mundo preexistente a los medios, pero incorporada por ellos y en ellos.

6 de septiembre de 2011

Vuelve la falacia del ránking de universidades

Como todos los años, más o menos por ésta fecha, ciertos medios se esmeran en difundir una deformada imagen de la universidad pública. Hoy, vemos títulos que se basan en un ránking mercantil se utilizan para agredir a la UBA.

El estudio es el QS-Top Universities, y aparece un sitio con artículos que leen "los análisis basados en el mercado son vitales para elegir una facultad", por lo que no nos puede sorprender la meticulosa selección que se ha realizado.

En ella, Harvard y cientos de universidades privadas encabezando el ránking, mientras que la UBA está en el puesto 270. P0r supuesto, aquellas con un cupo ilimitado aparecen por debajo.

Las fotos que presentan las noticias que mediatizan esta calificación son de tomas de establecimientos. Claro, evidentemente son éstas el único hecho que merma la calidad educativa. Nada tiene que ver la falta de renovación en los planes de estudio (en la Facultad de Ciencias Económicas se sigue enseñando la visión neoliberal como la predominante) ni el hecho de que promediar miles de estudiantes evidentemente no dará las mejores notas.

Claro que lo que se pasa por alto (o, en verdad, se dice implícitamente) es que no tiene valor el hecho de que cualquiera pueda acceder a una educación universitaria. No vale que sea pública, valen las notas.

Sí, una facultad con cupo generaría que se concentren los mejores promedios, pero vemos en realidad que la cuestión no pasa por allí. Las universidades privadas de la Argentina no figuran en el ránking.

Como todo ésto no figura en el análisis de aire "objetivo" (y conociendo la tendencia ideológica de éstos medios), yo no puedo hacer más que ponerme a pensar que aquí no se quiere poner en tela de juicio la falta de titularidad en la UBA, ni tampoco los planes de estudio. Aquí se busca ir contra un sistema universitario, por generar una visión negativa de la participación política, y es algo que me avergüenza.

Has recorrido un duro tramo, muchacha

La Argentina siempre tuvo ataques de éste sentido, internos y externos. No nos vamos a olvidar cómo se atacó y, en menor medida, se sigue atacando la política económica proteccionista, reguladora e interventora del Estado. Tampoco como hoy en día en los países vanagloriados por éstos medios se ve a la Argentina como un modelo a seguir para escapar a la crisis.

Lo mismo pasa hoy con la educación. Cuántas veces me harté de escuchar que la educación chilena estaba mejor que aquí. Es esa educación para la cual los jóvenes se endeudan de por vida, contra la cual centenares de miles de personas se movilizan hoy en día, generándose polémica en todo el mundo. ¿No podría pasar algo similar cómo lo que sucedió con la crítica económica? ¿No estaremos haciendo las cosas muy bien?

No necesito que una consultora me diga la calidad que puedo encontrar en la UBA. Estudiantes de familias pudientes de toda Latinoamérica deciden ingresar para gozar de sus servicios. Por supuesto que se puede mejorar, pero se debe comenzar a valorar más lo que vemos, lo real, por sobre análisis de sitios de ránking mercantil.

No es necesario que difundan exactamente éstas palabras, que difundan la nota por mail, Facebook o Twitter, pero sí pido que se dé a conocer ésta idea en ámbitos a los que claramente no puedo alcanzar. La defensa de la educación pública no es porque sí, es porque es la principal vía hacia el desarrollo del país, seamos del color político que seamos. Saber que existen intereses contrapuestos en notas como éstas forma parte de esto.

29 de agosto de 2011

Falacia "ad irregularis" tras las PASO


Me gustaría remitirme a un tema penoso que surge como repercusión de las elecciones primarias, no por su veracidad o no, sino por el efecto que se le busca dar: las denuncias de irregularidades.

Antes de hablar del tema, vamos a explicar brevemente lo que es un día de fiscalización electoral, para que queden los tantos claros.

Paso 1: A eso de las 8 menos 10, uno llega al colegio que tiene que fiscalizar. Se acomoda en la mesa que le corresponde saluda a las (idealmente 3, presidente y dos suplentes) autoridades de mesa, se prepara y se abre la urna. Votan las autoridades, votan los fiscales, y se habilita el sufragio a los ciudadanos.

Paso 2:En el transcurso del día, uno ingresa periódicamente (cada 45 minutos, más o menos, dependiendo de la cantidad de gente) al cuarto oscuro para revisar que el orden de las boletas sea el correcto, que no falte ninguna, y que no haya ninguna irregularidad (carteles, boletas rotas, papeles tirados). Ante cualquier inconveniente, hay 2 o 3 (depende de la cantidad de mesas) delegados de la Justicia Electoral a quienes se le pueden hacer consultas. Sin embargo, la decisión final siempre es del Presidente de Mesa (o de los suplentes, si éste no se presentó).

Paso 3: A eso de las 18 (en el caso ideal), se cierran las puertas del colegio. Votan las personas que quedan en la fila y luego se cierra la urna. Se procede, luego, a ingresar al cuarto oscuro, donde solo las autoridades podrán tocar y abrir los sobres para contar los votos (en los hechos, muchas veces reciben ayuda del personal de gendarmería o de los fiscales, algo que no es correcto pero tampoco es la muerte). Éste es el conteo provisorio (no es definitivo).

Paso 4: Luego de contar y recontar (los fiscales pueden recurrir votos que consideren irregulares y pedir recuentos), se procede a labrar el acta de cierre, en el que se anotan los votos de cada agrupación, los blancos y los nulos. El acta, las boletas, los sobres, y otros documentos pertinentes se guardan en la urna que se cierra definitivamente hasta el conteo definitivo.

Paso 5: El presidente de mesa llena un telegrama con los mismos datos que aparecen en el acta y se los entregan a un personal del Correo Argentino. Éste lo transporta al Centro de Cómputos Oficial, donde se suben los resultados delescrutinio provisorio.

Paso 6: Días después, apoderados y representantes de los partidos se presentarán al conteo definitivo, en el cual se abrirán las urnas, se corroborarán los telegramas y se compararán actas de los partidos, y, si no hubiera inconvenientes, se confecciona el resultado definitivo, el único aceptado legalmente.

Ahora...

A sabiendas de todo ésto, uno empieza a considerar extraño que se realice semejante escándalo sobre denuncias en 6 mesas. Son las que hizo Eduardo Amadeo, candidato bonaerense por el duhaldismo.

Es un peronista con -imagino- alguna experiencia política. Es decir que debería saber que un telegrama no vale nada, legalmente hablando.

De hecho, es todavía más curioso que se de tanta prensa a 6 urnas, cuando en la Provincia de Buenos Aires había 31.519 mesas en total. Es decir, un escándalo sobre el 0,02% del padrón del distrito, y 0,007% del nacional.

Digo, hablemos sobre por qué la Justicia Electoral no quiso distribuir las boletas y se tuvo que hacer cargo el Poder Ejecutivo (que no se encarga de las elecciones por no ser un poder neutral). Hablemos de por qué hay dos jueces (María Servini de Cubría y éste tipo, Manuel Blanco) que quisieron trabar las Primarias porque no le daban los fondos que querían (ejem, sin comentarios).

O sino, más fácil, pensá (porque no lo vamos a hacer por vos), Amadeo, sobre cómo vas a hacer para reducir el corte de boleta Duhalde-De Narváez.

Si hubo 6 personas que intentaron vulnerar la voluntad democrática, se debe investigar y resolver, pero, ¿era necesario hacerlo portada de 3 (muy leídos) diarios?

No hay problema con la investigación per sé, pero sí sería pobre que ésto constituya un intento de denostar resultados electorales. Sería tristísimo que juzgáramos de otra manera lo que fue una de las mejores participaciones democráticas desde el regreso de la democracia por semejante pequeñez. Triste ya es la falacia "ad irregularis" que sufren los comicios pasados. Mucha suerte en octubre y empecemos a discutir temas importantes en la Argentina.